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SOY EMBALSAMADOR: “UNA MUERTA REVIVIÓ y GRITÓ ESTO” HISTORIA REAL PROHIBIDA de la MORGUE

Un cuerpo está a mi lado izquierdo, otro a mi lado derecho; yo estoy en la mitad. De mi lado izquierdo salieron dos sombras oscuras, horribles; vinieron por el alma de esa persona, y yo vi a las personas que estaban falleciendo, la vida saliendo de sus cuerpos. Este no tenía ninguna forma, pero los ojos sí eran como llamas, rojos, pero sabía que eran demonios, yo lo sabía. Y ella iba a sacarle, a secarle las lágrimas; yo le dije: “No lo hagas”. Que por qué no se deben secar las lágrimas de una persona, porque él te lleva cuando tú les hablas a ellos, ellos sienten lo que tú les estás diciendo. Si tú andas esos pasillos a medianoche, se te aparece la monja o el padre; yo los veo a ellos, yo los siento, ellos se comunican conmigo. Como que me empujó y yo vi toda mi vida; yo no iba para ningún cielo, yo iba para el infierno. La vida no es esta, en la vida después de…

La morgue, el lugar a donde llegan los cuerpos de las personas que fallecen, los anfiteatros; allí trabajan personas como usted y como yo. Sus historias son increíbles. En este podcast que van a ver a continuación, le revelaremos algunas historias realmente asombrosas con una persona que trabaja allí, que nos va a contar cosas que nos van a dejar pensando en la posibilidad de que exista algo invisible, algo que tal vez esté aquí al lado nuestro. Así que tienen que ver este podcast hasta el final. Y estoy nada más y nada menos que con Mauricio Barco, que es un trabajador de la salud que se esfuerza por cuidar a las personas. Gracias a usted, muchas personas siguen con vida en este momento. Gracias por su trabajo y gracias por estar aquí en Historias Paranormales con Esteban.

“Pues gracias a ti por invitarme y gracias a ti por dejarme expresar lo que la gente no ve, lo que pasa detrás de, y lo que uno cuenta; a veces la gente dice: ‘Eso no existe, eso es algo irreal, eso es algo que si tú ya no estás aquí, ya se acabó todo’. Y no, no se acabó nada, acabó de empezar, y la vida no es esta, y la vida es después de esa, la verdadera vida, no la que tenemos ahora”.

Mauricio, tú eres un trabajador de la salud. “Sí”.

¿Trabajas todo el tiempo ayudando a personas que están sufriendo o que están enfermas en cuidados paliativos más que todo con pacientes de cáncer, pero yo me especialicé más que todo ya en el área de lo que tiene que ver con la tanatopraxia? La tanatopraxia es una rama de la salud en la cual tú estás preparado para lo que es higienizar, preservar, conservar y momificar cuerpos cadavéricos. Ahí hay tres ramas de la tanatopraxia, una que es la tanatoplastia, y otra, la tanatoplastia tiene que ver para arreglar a la persona para entregarla a los deudos, es como un pequeño maquillaje que se le hace, más que todo en el rostro y en las manos; esa es la tanatoplastia que antes le llamaban a las personas que hacían tu labor embalsamadores.

Embalsamadores, sí. Y tú trabajas como tanatopractor en morgues de hospitales. “Morgues, sí, me encanta estar ahí”.

¿Y por qué te surgió eso? ¿Desde pequeño te gustaba? ¿Te parecía interesante? “No, nunca me gustó. Yo empecé en el área de la salud en el área del aseo, del área del aseo pasé al área de lavandería hospitalaria, de lavandería hospitalaria pasé a camillero, y de camillero pasé a la morgue. ¿Por qué pasé a la morgue? Porque a mí me encantaba ver cómo los cirujanos hacían sus cirugías y los cuerpos se iban, y yo decía: ‘Ay, tan bonito aprender a hacer lo que ellos hacían’. No es que tú no estés preparado, esto no es para nadie, pero ellos vieron que yo no tenía ninguna reacción que tiene alguna persona que se desmaya, se queda estática, se vomitan; no, antes al contrario, yo me les acercaba, yo les hablaba y yo veía que cuando tú les hablas a ellos, ellos sienten lo que tú les estás diciendo. Y fue ahí donde a mí me encantó estar en esa área, y uno para aprender eso, eso no es de estudio, eso no es de libros, eso es mentira; el que diga que aprendió así es un mentiroso, tú tienes que aprender es en el área con el cuerpo, o sea, arreglando los cuerpos, sí, tú aprendes es así, arreglando los cadáveres”.

¿Entonces te gustaba ver cómo los médicos forenses estaban allá, los médicos forenses arreglaban los cuerpos, y quisiste también trabajar en eso mismo? “Sí, me encantó, y ahí fue donde yo vi que hay muchas situaciones que uno dice: ‘Miércoles, esto sí es verdad lo que presentan las películas’. Una de ellas, una suavecita, no sé si vieron la película Ghost: La sombra del amor, cuando sale corriendo este ladrón y lo atropella un carro, y él ve su cuerpo ahí, y llegan dos demonios y lo arrastran; esa es supuestamente una película. Un día yo llegué y me llamaron las enfermeras que habían fallecido dos personitas, como con una hora y media de diferencia, entonces, como hay enfermeras que a veces les da temor, bueno, descanzarlos, quitarles todo lo que tienen, entonces ellas me llamaron que si podía colaborar con eso. Le dije: ‘Listo, tranquila, no hay problema, yo subo y los amortajo'”.

¿Qué es amortajar? “Amortajar es quitar… bueno, primero que todo es quitarle todo lo que está conectado al cuerpo, sí, todo, y luego ya como limpiarlo y coger como unas sábanas grandes y envolver a la persona, rotularla. Rotularla es verificar que el nombre de esa persona coincida con la muerte de esa persona, es colocarle aquí la manilla, pero fuera de la manilla, que eso también se puede romper, se puede extraviar, entonces uno los marca acá en el vientre con un marcador especial que es para la piel, que eso no se borra, indeleble, sí, y eso también uno coge las pertenencias, entonces uno los amortaja, o sea los envuelve, y los baja a la morgue. Siempre uno debe tener cuidado de siempre colocarles un pañal desechable, ¿por qué se les coloca pañales desechables a los cuerpos? Porque ellos se hacen sus deposiciones, se orinan, todo pasa ahí, entonces se tapan todos los orificios del cuerpo, oídos, boca, fosas nasales, los ojitos, recto y las partes íntimas, ¿por qué? Porque los fluidos salen por cualquier lado. Entonces yo los bajé, tanto a la señora como al señor, eran ya… no mentiras, eran como las 11 y pico de la mañana. Un cuerpo está a mi lado izquierdo, otro a mi lado derecho, y yo le entré a lo que es el ascensor. Cuando yo entro al ascensor, entro al ascensor, tengo mis dos cuerpecitos acá, yo estoy en la mitad; de mi lado izquierdo salieron dos sombras oscuras, horribles, y ellas me miraron, yo los miré y yo me quedé, o sea yo no me podía mover, yo no me pude mover, yo no pude decir absolutamente nada. Yo los vi y ellos me vieron, y ellos pasaron, el cuerpo de acá, pasaron acá, me pasaron a mí y cogieron el alma de la persona de mi lado derecho, la arrancaron, o sea sacaron el alma de la persona y se la llevaron, pasaron acá, se lo llevaron. Por eso digo, eso es verdad, yo lo viví, yo lo experimenté”.

¿O sea tú, en el ascensor bajando dos cuerpos, dos cadáveres, ya los habías arreglado arriba? “No, no, sí, exactamente, los habías marcado, los habías preparado, y cuando iba bajando el ascensor, ¿viste esas dos figuras oscuras que fueron como si le arrancaran el alma? ¿Cómo eran esas figuras? ¿Tenían forma humana o eran sombras?”.

“No, no tenían ninguna forma, pero los ojos sí eran como llamas, rojos, rojos, rojos, eran como llamas, pero es un rojo que tú aquí no lo ves, acá, pero sabía que eran demonios, yo lo sabía, pero ellos no se metieron conmigo y tampoco se metieron con la personita, eran solamente con la persona que tenía aquí a mano derecha y lo arrancaron y se lo llevaron, vinieron por el alma de esa persona. Ya después yo me vine a enterar que esa persona practicaba la brujería. Ahí fue donde, cuando yo le entregué a los deudos, y claro que yo no les dije qué me había pasado; cuando ya estaba arreglada esta personita, yo les pregunté qué esta persona, en qué trabajaba. No, es que mi tío era brujo. Digo yo, qué miércoles, con razón se lo llevaron. Trabajar con esas cosas, es mejor quedarse uno quieto”.

Eso sucedió ese día, esa vez. Y tú trabajas día a día en esas morgues de los hospitales. Hablemos un poco de eso antes de que nos cuentes otras de esas historias paranormales que tienes en tu oficio. Tú tienes que dejar listos los cuerpos para que los recojan los de las funerarias, entregarlos ya preparados. Esa preparación siempre es con formol, y eso no es lo mismo uno aplicar el formol a una persona pequeñita a una persona obesa. Uno, si pesáis ciertas cosas antes, que uno debe pesarlo, la estatura para ver cuánto hay de cambio entre la y el formol, y aquí en la carótida, en la parte aquí del cuello, se inyecta, y a medida que tú inyectas el formol también va saliendo la sangre, o sea, lo que hace es reemplazar la sangre por el formol para que se conserve el cuerpo, eso es lo que hace. Pero ese es el primer procedimiento. El segundo, coger, uno es como si te hicieran a ti, se introduce una pequeña aguja grande para sacar todos los tejidos de acá. ¿Qué se saca de acá? Los alimentos, el popó, la chichí, todo sale por este lado para que se conserve el cuerpo. Exactamente, si no se saca eso, si no se sacan esos líquidos, todos esos alimentos, eso se fermenta dentro del cuerpo, eso va formando úlceras y esas úlceras lo que hacen es inflamar el cuerpo. Si eso no se saca, lo que pasa es que el cuerpo implosiona. ¿Qué es implosionar? Que todos los tejidos por dentro, y no tiene ningún órgano por dentro, y también puede explotar, ¿cierto?”.

“Ha pasado. Hubo una personita que llegó al hospital, se le estaba haciendo un tratamiento, estaba viva, y los especialistas se basan en lo que les diga el médico tratante de ese paciente o la enfermera jefe, que es la encargada de ese paciente. Resulta que la enfermera jefe, ya cuando se pasó el paciente a quirófano, la enfermera no le dijo al especialista o no se percató de primero sacar los gases de esa persona de la parte del vientre; no se lo sacaron. Cuando el médico fue, los médicos, o sea, el especialista, cuando llega a operar, él llega ya es con su instrumentadora, la circulante y las dos chicas que están ahí; él únicamente llega es saber qué cirugía tiene y él va a ser a lo que va, él no se va a poner a leer historias clínicas, él no hace eso porque él ya le dijeron, es una persona para tal procedimiento. Cuando él fue a hacer el corte, quedó la sala, totalmente explotó, sí, implosionó”.

Y bueno, estás ahí, trabajas tú en la morgue, trabajas con los cuerpos como nos has contado y has vivido cosas realmente extrañas y paranormales. Cuéntanos alguna de esas historias que has vivido allí. Lo más duro. “Bueno, una de las cosas fue que un chico muy joven murió en moto, lo llevaron allá y yo lo escuché y me decía él: ‘Llama a mi mamá, llama a mi mamá, llama a mi mamá, llama a mi mamá'”.

¿Tenías el cuerpo en la camilla? “Es un planchón, ellos los acuestan en un planchón. ¿Es de metal o es de cemento?”.

“Cuando no se van a preparar, se colocan en un planchón, sí, pero ya cuando ya se tiene que refrigerar, pues las neveras, unas bandejas metálicas inoxidables. Estaba en el planchón todavía yo; cuando entré, yo lo escuché como si estuviera hablando contigo, o sea, escuchabas la voz”.

¿Escuchabas la voz, lo escuché a él, me dijo: “Llama a mi mamá, llama a mi mamá, llama a mi mamá”? “Y venía de la mente o de la boca”.

“No, tú escuchas eso acá en tu cabeza, y yo sabía que la señora estaba fuera. Salí y la llamé, le dije: ‘Señora, tu hijo te necesita’. La señora se quedó, ¿cómo así? Él me dijo que te llamara. Al principio la señora no reaccionó a lo que le dije, o sea, no, como que no escuchó bien mis palabras y entró. Cosa, eso no se debe hacer, no se debe hacer eso, pero fue tanta la insistencia de esta personita, que yo le entré, pero por favor no te demores. Y ella empezó a recriminarlo, a decirle: ‘¿Por qué no me hiciste caso? Míralo, mira el dolor que yo tengo’. Empezó a regañarlo, a regañarlo, a regañarlo, y el chico empezó a llorar, el cuerpo, sí, empezó a llorar. Y la mamá ya cuando vio que estaba llorando, como que dijo: ‘Hijo, te perdono’. Y ella iba a sacarle, a secarle las lágrimas; yo le dije: ‘No lo hagas, no le seques las lágrimas, por favor'”.

¿Que por qué no se deben secar las lágrimas de una persona? “Porque él te lleva”.

¿Eso no la sabía? O sea, los cuerpos lloran. “Jamás se deben secar las lágrimas cuando ellos lloran. Los cuerpos a veces lloran, y si uno lo seca, uno puede ser el siguiente morir, te puedes ir con él”.

¿Sí, como si se lo llevaran a uno? “Te lo lleva, sí, eso es algo que yo no hago, yo no le seco las lágrimas a esa persona. Eso pasó, eso fue una de las cosas, y el chico se puso a llorar porque, o sea, yo lo sentí, que porque no le hizo caso a la mamá de no irse en esa moto, dice, eh, porque la mamá le dijo: ‘Si tú te vas, te vas a morir’. O sea, le dijo una serie de cosas que, cuando estaba diciéndole las cosas, le estaba diciendo todo lo que le dijo, el chico empezó a llorar. Eso fue fuerte”.

Otra cosa fuerte es cuando llegan mamitas embarazadas; eso es lo más duro para uno. No sé si sabían que los bebecitos cuando están, dentro entre comillas, que la mamá fallece, entre comillas fallece, y los bebés tienen cinco minutos para uno poderlo salvar. “Cinco minutos, ¿por qué? Porque están protegidos, están resguardados, y todavía está circulando, aunque digan que no, todavía hay oxígeno acumulado dentro del vientre, dentro de la placenta donde está el bebecito, todavía hay todo eso, pero uno tiene cinco minutos para salvar al bebé. Si pasan esos cinco minuticos, cuando uno ya hace la cirugía, el bebé está totalmente azul, ¿por qué azul? Por falta de oxígeno; el bebé murió dentro del vientre, pero no murió con la mamá, murió después de la mamá”.

Eso es fuerte. Y fuerte, fuerte es cuando la policía te lleva cuerpos embolsados, cuerpos que solo el tronco, o solo las extremidades, o solo la cabeza; entonces uno tiene que darles una identidad a esas personitas. ¿Cómo, cómo hace uno para poder darles identidad a esas personitas? Por un tatuaje, por una seña, por una cirugía, por una cicatriz, por un lunar, por una peca, eh, por cualquier cosita que esté fuera de lo común. Entonces, uno toma fotografías de todas esas partes, y uno puede darles identidad a esas personas con los familiares, porque el familiar te dice: “No, es que mi familiar no me aparece, tiene un tatuaje aquí en forma de esto”. Entonces uno le muestra, no le muestra el cuerpo, uno minimiza no más la partecita de la piel, y le muestra no más el tatuaje. “Sí, ese es”. Entonces uno corrobora que esa persona de la que supuestamente se extravió es la que uno está ahí con uno mismo, y ese es el trabajo que tú tienes diario.

Y en esos lugares también, dicen muchas veces, en las morgues o en los anfiteatros de los hospitales, que suceden también cosas, como que los cuerpos se comunican, como tú me decías, no solo que escuchas esa voz, sino que a veces también se escuchan o lamentos o risas. ¿Te ha pasado algo así? “Sí, eso es normal. Hay cosas que van más allá de lo normal, de lo que es supuestamente un fenómeno natural de las personas fallecidas. ¿Sabes qué es la necrofilia, cierto?”.

Sí, hay personas que sienten un impulso perverso, digámoslo así, que es una parafilia, es una enfermedad, que disfrutan teniendo contacto erótico, relaciones con los cadáveres. “Sí, bueno, hubo un compañerito, un señor joven, uno jamás les dice que hay cámaras, jamás, uno debe decirles eso. Había una cámara; ah, antes de eso, disculpa, en todos los morgues y ahora laboratorios, hay cámaras de seguridad para vigilar, por seguridad, y uno mismo también. Esta personita llegó una mujer joven, atractiva, muy hermosa, tuvo una muerte súbita, murió de repente, pero no murió colapsada ni por trauma, nada de esas cosas, murió de muerte natural. Y él la vio, una mujer espectacular, y él la vio desnuda, él la estaba lavando normal y le dio por encima de ella, del cuerpo, su cuerpecito. ¿Qué crees que qué pasó con esta personita, con la fallecida?”.

La fallecida, y eso está en video, sus brazos estaban así, lo que hizo fue abrazar a esta persona, abrazarla, abrazarla, abrazarla, y no la soltó. Este chico tuvo más de seis fracturas y lo tuvo ahí, no se pudo sacar, no se pudo sacar el… él murió ahí, y la chica jamás lo soltó, no se pudo soltar. El cuerpo, la muchacha lo abrazó, fue a abusar al cuerpo para explicar mejor, y el cuerpo reaccionó, sí, y lo presionó y lo abrazó hasta que el atrapado falleció, toda la caja torácica, y no se pudo soltar.

¿Y eso lo vivieron en la morgue que trabajas? “Sí, la gente no cree, ‘ay, que eso no, no es mentira’. Ese muchacho no se pudo soltar, y uno cómo, o sea uno ahí cómo actúa. Primero que todo, ya no era una, sino dos personas, y no se podía enterrar a uno separado del otro. Hubo que hacer una serie de situaciones fuertes que no se pueden contar en, para poder que la jovencita fuera a donde su familia, y el chico pues decirle a la familia que era lo que realmente había pasado. Pero uno así, ¿cómo le dice uno a la familia: ‘no, es que tu hijo es un necrófilo, es un necrófilo y además de eso falleció porque la atacó un cadáver’?”.

Sí, pero la gente no… nadie te va a creer. ¿Tú cómo le vas a hacer eso a la Fiscalía, cómo le haces eso a un investigador forense? Y ellos, cuando vieron eso, se quedaron, miércoles, pensarían que era un accidente. ¿Qué podemos hacer ahí nosotros, cómo vamos a legalizar, por decirlo así, la muerte de este joven? Entonces se tuvo que legalizar con algo muy diferente, como para que la familia dijera: “Listo, él tenía eso”. O sea, se le tuvo que hacer necropsia al chico para sacar al menos alguna enfermedad que uno pueda decir, sí, murió de esto. O sea, lo revisaron los médicos forenses para hacer una autopsia o necropsia como quieran, y encontrarían ahí si tenía algún problema en el corazón o un indicio de cáncer o algo así. El hecho es que murió en la morgue, sí, murió dentro de la morgue.

Y te iba a preguntar, nuevamente sobre esto, que habíamos hablado, en las morgues se dice que a veces se escuchan llantos, se escuchan risas, ¿tú has escuchado esos llantos o risas aparte de los fenómenos de los cadáveres? “Sí, los hay, cuando llegan niños, más que todo cuando llegan niños, ellos se ponen a jugar, se cruzan, te salen detrás de la nevera, te jalan, sí, te jalan, te tocan, te soplan el oído, te llaman por tu nombre, te dicen, te dicen: ‘Ay, mi mami está conmigo, ay, yo estoy aquí con mi mami’. Y se ponen a jugar, se escucha que juegan, o sea, el cuerpo está ahí, pero tú escuchas que como si jugaran en la luz, te cierran la puerta, este por ejemplo yo estoy comiendo acá y si me volteo ya mi comida ya no está, no la encuentro, te cierran la puerta. Hay veces que la oscuridad es tan cerrada que a veces, cuando la luz se va, tú no ves absolutamente un carajo, y tú cuando estás en esa, sientes que estás ya con ellos también, o sea, ya no te sientes en tu cuerpo, sino sientes ese vacío que sientes cuando tú partes”.

Otro caso, una persona, eso pasó, te voy a decir, el hospital, mejor dejemos así, pero un hospital grande, conocido; falleció una persona, antes de la medianoche llamaron al camillero pues para que lo bajara. Todo paciente, esté vivo o no vivo, todas las camillas tienen unas barandas, y tú tienes, y eso es para seguridad, y uno mismo también, para seguridad de la persona que tú vas trasladando. Resulta que al chico le pareció gracioso, pues como no estaba vivo, pues él no colocó las barandas, y en los hospitales hay rampas para eso cuando no hay ascensor, están las rampas. Y el chico lo bajó, él estando del lado de acá, y el cuerpo, después en la rampa bajando, uno nunca dejar un cuerpo así, porque el cuerpo se desliza, el cuerpo se le deslizó, se le cayó; eso se vio por cámaras y a él le dio risa, “jajaja”. Todo se vio que se le cayó el cuerpo, claro, se le deslizó la camilla porque no tenía las barandas. Él lo recogió como pudo y lo puso en la camilla y ahí sí le colocó las barandas. Cuando él bajó ya los cuatro pisos y fue a la morgue, las puertas de inmediato se le cerraron.

Habían tres cuerpos más ahí en ese hospital, eran uno, dos, tres, cuatro, para cuatro cuerpos no más, o sea, cuatro planchones. Cuando ya los planchones estaban ocupados, el hospital tenía dos, tres camillas dispuestas solamente para cuerpo cadavérico, o sea, siete, pero ya estaba ya saturado, porque era una… era muy chiquitico el salón donde estaba. Se le cerraron las puertas tras de sí, y él creyó que, bueno, esas puertas jamás se pueden cerrar por dentro, o sea, no quedan aseguradas por dentro, uno las asegura por fuera, pues para que la gente no intente entrar allá, se cierran es desde afuera, nunca desde adentro. Se le cerraron las puertas y él empezó a gritar, porque ya no podía abrir, él dejó el cuerpo y ya quedó atrapado, sí, quedó atrapado. Se ve que el guardia que estaba de turno ese día, me dio risa que el guardia por tratar de abrir la puerta, algo se ve en la pantalla, lo cogió de acá y lo tiró así 10, 12 metros, lo haló y lo tiró hacia allá, 10, 12 metros, lo levantó como si fuera un muñequito y lo tiró hacia allá. Llamaron a los de mantenimiento, cuatro horas duraron tratando de, hasta que al fin pudieron abrir las puertas y el chico no salió cuerdo de ahí.

¿No se supo qué vio? “No se supo, pero él no salió cuerdo de ahí, él inmediatamente se tuvo que desplazar a una clínica, él aún está en una clínica que queda por la 13, psiquiátrica”.

¿Un hospital psiquiátrico? “Sí, Nuestra Señora La Paz”.

Y quería preguntar, ¿tú eres un trabajador de la salud, trabajas en los anfiteatros, en las morgues, como embalsamador, tanatopraxólogo, tanatoestético también le llaman, y la tanatoplastia, y en ese trabajo también pues tienes que estar en el hospital, has escuchado historias también de los hospitales aparte de la morgue, que hablan a veces que hay monjas, médicos, enfermeras, fantasmas?”.

“Te voy a decir aquí en el Materno, carrera décima, Materno Infantil, en el centro de Bogotá, décima, allá se te aparece o un padre o una monja. Está, hay un área que está vetada para el personal de la salud, y esa área tú no puedes andar allá ni de noche ni de día, es un área vetada y es más de la mitad del hospital. Ya nadie sabe eso, no sé si tú sabías que en ese hospital había un crematorio, ahí había un crematorio, eso está por la carrera décima, entrando por la carrera décima, pues hay como una reja grande; a este lado derecho, tú entrando al lado derecho, viniendo del oriente para este lado, ahí había un crematorio para cuerpos. La gente no sabía eso y doy fe de eso, eso existe, había un crematorio ahí para los niños que, los médicos, bueno, los médicos no, las chicas que daban el consentimiento para ahí. Si tú andas esos pasillos a medianoche, se te aparece la monja o el padre; la monja en esos tiempos era una enfermera y tú lo ves como si tú estuvieras hablando conmigo y lo ves como normal, pero es un espíritu, y puedes entrevistar a cualquiera que esté de turno y de noche, y ellos te van a decir: ‘Yo no ando por allá porque se aparece, y se aparece cualquiera de los dos, se te aparece'”.

¿Y tú has visto en un hospital o en alguno de los hospitales que has trabajado algo similar o o te han contado algo algún compañero tuyo o alguna compañera? “No, yo tengo ese, no sé si don, no sé si maldición, yo los veo, yo los veo a ellos, yo los siento, ellos se comunican conmigo. Hubo un caso que yo estaba subiendo, había una abuelita, había una abuelita con un 70% de metástasis, o sea que el cuerpo ya no le servía para nada; la abuelita ya se quería ir, ya estaba cansada, pero sin embargo por ética profesional, los familiares, cuando dicen: ‘¿Por qué lo dejó morir?’, que o sea ¿por qué hacen eso con alguien que ya quiere partir? O sea, eso es prolongarle más el dolor, tanto el dolor para ti como la angustia de la persona que está ahí, los que haciendo reanimación con mecánica, todo. Y cuando yo pasé, ella estaba saliendo de su cuerpo y me vio a mí: ‘Tú me estás escuchando, ¿cierto? Yo sé que tú me escuchas’. Dile y me dijo: ‘Dile a ellos que me dejen ir, yo ya estoy cansada, diles que me dejen ir, yo ya me quiero ir, que ya me quiero ir, yo ya me quiero ir, dile a ellos, dile a ellos por favor'”.

Y yo les dije: “Ellos no me van a creer”. “No me importa, díselos, díselos, díselos que me dejen ir”.

No le dije nada a los médicos. Al otro día les dije: “La señora, no le hagan nada, déjenla”. Ay, pero es que ustedes esto. Yo les dije: “Mire caballeros, yo los veo a ellos y yo hablo con ellos”. Y entonces ellos me dijeron: “¿Es verdad lo que tú dices?”. Le dije: “Sí”. Entonces ellos me pasearon por ciertas alas que son restringidas, cuando los cuerpos están con unas enfermedades que son muy fuertes, fuera del cáncer hay otras más fuertes; me pasaron y me dijeron: “Bueno, si tú dices que haces esto, dime cuántos de estas personitas aquí ya no, ya no más”. Y yo les dije: “Mira, para el lunes que yo venga, regrese él, él y él, tú me los vas a entregar el lunes a la mañana”. Se quedaron así. Es cierto lo que, sí, el lunes cuando yo llegué, me entregaron unas cuatro personas.

Y Mauricio, aparte de lo que me has contado en los pasillos, también se dice, por ejemplo, como tú me has dicho, que a veces en los hospitales se ven apariciones. ¿Sí, no solo de monjas de curas, sino que también se ven apariciones, algunos dicen hasta de ángeles, de niños fantasma, de otro tipo de seres? ¿Has visto algunos de esos?”. “Una abuelita que unos hijos desgraciados la dejaron, bueno, la mamá de estos chicos la dejaron tirada allá en el en la clínica. El médico cometió el error de decirles: ‘Su mamita no dura más de dos, tres semanas’. Cometió ese error el médico, la señora no murió; los chicos llegaron a recoger el cuerpo, o sea, no fueron a visitarla en ese tiempo, sino que fueron, ay, que venimos por la muerte, por la, el cuerpo de mi mami. ¿Cuál? Si la señora está viva. Vieras lo que hicieron estos desgraciados: ‘Nosotros no nos vamos a encargar, ustedes verán qué hacen con ella, nosotros ya vendimos la casa, ella ya no tiene dónde ir, ya nos repartimos todo’. Y la señora la dejaron ahí tirada. Después, cuando falleció, yo no sabía que había fallecido, llegué ahí, cuando ya pasó de los hijos que se fueron, llegué y yo vi a mi abuelita ahí parada en la entrada del anfiteatro. ‘Hola, ¿cómo estás? Te estaba esperando’. ‘Hola, mi abuelita, ¿y eso que estás bien?’. ‘Sí, no, mi hijo, es que yo te estaba esperando para despedirme de ti’. ‘Ay, listo, abuelita’. Y la abracé y le di un beso, ella me dio un beso, y todos mis compañeros, ‘Mauricio, ¿usted con quién está hablando? ¿Cómo así? Si estoy hablando con mi abuelita’. ‘No, señor’. Y ellos me decían: ‘Entre, entre’. O sea que tenía que entrar, pero ¿por qué? Espere que estoy hablando con mi abuelita. Yo hablando con mis compañeros hasta que uno me jaló, ‘Entra’. Y cuando ya me abrieron la puerta, que yo no quería entrar porque me estaba despidiendo de la abuelita, la señora estaba ahí, el cuerpo de ella había fallecido, pero ella me estaba esperando porque yo era el único que no la trataba como paciente. Yo soy una persona que yo no trato al paciente como paciente, yo lo trato como si no estuviera enfermo, yo no lo miro con lástima, yo no me pongo a sentir, no a sentir dolor, ay, qué, no, normal, las hacía reír. ‘Ay, abuelita, cuando tú salgas yo me voy a casar contigo, nos vamos de viaje’, y esa mujer era feliz, encantada, cuando yo la visitaba, y ella se despidió de mí”.

¿Pero la viste físicamente ahí, tal cual, normal? “Tal cual, y estaba vestida distinto o se veía mejor”.

“No, de lo mismo que estaba dentro, estaba vestidita así, pero cuando yo sentí ese abrazo, yo sentí que me abracé a mí mismo y se me hizo raro, pero no le paré bolas hasta que yo entré al…”.

Y bueno, volvamos a algo que me contó usted al comienzo, y es que usted no solo ha tenido experiencias como tanatopractor, sino que antes usted vivió una experiencia personal cuando usted era militar. ¿Nos puede contar un poco de esa experiencia?”. “Bueno, yo entré al ejército en octubre de 1983, quinto contingente de 1983, estudié escrito al Batallón Colombia, el que va hasta… sí, es… yo estuve en… es el 14 de marzo de 1984, no sé… bueno, yo sé que eres más joven que yo, no sé si enteró que en ese tiempo, el 14 de marzo de 1984, los del M-19 se tomaron la cárcel de Florencia, Caquetá, y sacaron a todos los presos de ahí. No sé si estabas en ese tiempo. Bueno, a nosotros llegó la orden, la directiva de presidencia, allá al Batallón Colombia, el 15 de marzo del 84 salimos al área aerotransportada, nos fuimos en el DC-3 y al aeropuerto de la Araña en el Caquetá. Llegamos el 15 de marzo, ya un día después. Habiendo tres batallones en ese tiempo allá en el Caquetá, Batallón Cazadores, Batallón Juanambú y Batallón Bogotá; en ese tiempo existían solo esos tres batallones. Esos tres batallones, no entiendo por qué no hicieron nada para que ellos contrarrestaran ese ataque a Florencia. Llamaron al Colombia; el 28 de marzo del 84 fue donde sucedió lo mío. Varios helicópteros, en cada helicóptero cabe una cuadrilla completa, una cuadrilla son 12 militares por helicóptero, de fuerzas especiales. Buenas, rojas, en ese tiempo, rojas, fuerzas especiales era solamente personal de oficiales y suboficiales, en ese tiempo no existían los famosos soldados profesionales; en eso, nos dejaron en Santa Elena, Sucre, entre Santa Elena y Sucre, en el Caquetá. Eran las 11:30 de la mañana, nos tiramos el, el helicóptero jamás te deja en tierra, sueltan las sogas y uno se desliza en la soga y van saliendo, van saliendo, pero ellos jamás aterrizan, te tiran o te tiras por por liana o te tiras al agua o te tiras unos dos, tres, cuatro metros, bótate, pero jamás te dejan en tierra. Bueno, listo, fueron seis, siete helicópteros, salieron todos. Estábamos en una ladera, no había dónde, tú… en donde tú tenías que resguardarte, no había nada de eso; desde la punta…”.

¿A todos nos rociaron, les disparaban a todos? “Sí, les disparaban con una ametralladora, sí, y no era una ametralladora… no era de fusil, era ametralladora .50, eh, de esas que el proyectil es así de largo y cada proyectil puede romper una roca y la destroza, la vuelve miércoles. A un compañero mío que estaba, le entró acá y la cabeza le quedó colgando, y él estaba vivo, él tenía solamente la piel acá y me decía: ‘Barco, ayúdame, barco, ayúdame, barco’. La piel colgando. Eso es una de las muertes. A mí también me rociaron, no fue nada agradable, eso no es como en las películas, te rocían y que uno cae en cámara lenta y las… eso es física, miércoles, eso no, o sea yo lo que sentí fue como que me fuera como durmiendo, o sea sentí como un fogonazo, sí, como cuando tú prendes un fósforo y te quemas, así sentí, pero sentí varios a la vez, yo sentí eso y me fui, el cuerpo no me daba para nada”.

¿Qué es lo que yo vi ahí cuando yo caí así? “Algo salió de mí, de mi cuerpo ahí, no tenía noción de que estaba muerto, yo sentí fue desorientación, pero cuando yo salí de mi cuerpo a todos los escuchaba, los helicópteros volvieron, los enfermeros, me pusieron en camilla, yo escuchaba lo que decía: ‘No, este señor tiene cuatro, este señor está muerto, este no, este sí, este sí’. Y yo escuchaba todo eso, todo, todo, vi los helicópteros, absolutamente todo, todo, todo. Ya cuando yo vi, fue que lo último que yo vi, que fue que me llamaron al helicóptero, hasta ahí me perdí de eso, y ya cuando ya algo como que me haló; no te digo túnel porque yo no vi ningún túnel, algo me haló, algo como, como que me empujó y yo vi toda mi vida, desde el día que ese, desde el día que nací hasta el día de mi muerte, yo vi toda mi vida, toda”.

Allá no se te escapa nada, allá tú no le puedes ocultar nada, todo tú lo ves como si fuera una película. Cuando yo vi todo eso, yo ya sabía para dónde iba, yo no iba para ningún cielo, yo iba, yo iba para el infierno, y ahí fue donde yo vi la majestuosidad de Dios. Yo sentí que cuando yo iba para allá, yo sentí que me arrodillé, a pesar de no tener cuerpo, pero yo sí veía que era una luz, o sea yo me veía como una luz, pero no tenía piel, o sea es que no sé explicarte, o sea, o sea yo me veía, o sea yo tenía más conciencia allá de lo que tengo aquí ahora, o sea se te expande todo, la inmensidad de todo, tú la ves, es allá, aquí no, aquí tú eres un ser limitado, allá no, allá tú ves todo, todo es todo, tú eres uno con todo. Y yo sentí que me arrodillé y yo lo que dije fue: “Perdón, perdón, perdón, perdón”. Y me sentí sucio, ¿cómo me sentí sucio? Cuando yo sentí que la parte de atrás, una mano, salió una mano y me tocó acá mi cabeza, cuando yo sentí esa mano empecé a llorar, me sentí sucio, cochino, lo peor de lo peor, pero a medida que esa mano me hacía sentir eso, también me quitaba todo eso, me quitaba el dolor, me quitaba la tristeza, me quitaba el llanto, me quitaba todo y yo era uno con él. Y él me dijo: “Te perdono”. Yo lo sentí, y me dijo: “Te perdono”, y él acá y me giró la cabeza y me dijo: “Mira, ve”. Y me mostró el otro lado del sitio donde yo iba; el otro lado es majestuoso, es hermoso, es algo que es tan real, que es más real que lo que esto, o sea, la vida allá es, es majestuosa.

Estamos llegando al final de este podcast, pero antes de eso, quería hacerte dos preguntas. Una, ¿trabajas en las morgues, viviste esta experiencia que nos acabas de contar, y vivir esa experiencia más trabajar en un lugar en donde fallecen personas todos los días? Yo creo que debe ser algo muy duro, y lo que quería preguntar era esto: ¿para ti existe realmente esa vida después de la muerte o o es otra cosa que uno ve? Digamos que son otros fenómenos, o sí es real?”. “Es real, es real”.

¿Tú piensas que sí? “No es ningún fenómeno, no es que es que tu cerebro te está mintiendo, que tu cerebro por falta de oxígeno te está dando alucinaciones, eso es mentira, porque allá no hay cerebro, allá no existe eso. Te voy a decir, para finalizar, llegué, cuando ya llegué a mi cuerpo, pasaron cuatro horas, yo ya estaba en el hospital militar, yo ya estaba con una, yo ya estaba rotulado en una nevera, pero yo no te puedo decir qué pasó entre lo que me mostró y cuando volví, yo no sé cómo volví, pero cuando yo volví, yo pasé todos los pisos del Hospital Militar y yo vi a las personas que estaban falleciendo, la vida saliendo de sus cuerpos, y ahí fue donde yo vi que el hombre es tan mentiroso, que dice que la reencarnación, eso no existe, eso es mentira; si fuera real, yo como estaba, yo me podía meter en cualquier cuerpo que estaba vacío, no pude, eso es mentira, tú no puedes ocupar un cuerpo que no es tuyo”.

Cuando yo regresé, bajé así, yo veía todo, todo, escuchaba los médicos, veía las cirugías, cómo corrían las enfermeras, cómo llegaban ellos, todo, bajé, y cuando llegué yo, lo que, tú lo que sientes es un choque muy fuerte, yo lo que hice fue gritar porque estaba frío y habían como seis, siete médicos ahí, y ellos salieron corriendo, después de eso como que volvieron: “Está vivo”. De ahí, no sé más de ahí, estuve seis meses en coma, no sé dónde estaba, la verdad, yo, yo no sentí esos seis meses. Y fue ahí donde en ese tiempo Germán Castro Caicedo estuvo haciendo un libro sobre la vida después de la vida, y él fue al hospital a mirar qué era lo que realmente pasaba conmigo, y él dijo: “Y entre todos decían, ¿cómo es posible que una persona después de cuatro horas haya vuelto?, que eso no, eso no es real”.

“Yo le digo: ‘La vida no te pertenece a ti, la vida es de Dios’. Y Dios es el que decide, hasta aquí, o ya, hasta aquí terminas la física, porque la espiritual es eterna. El infierno no es nada agradable. Dios no es que, eh, dame tanto y que yo te salvo, o dame tanto, que según lo que tú, es que Dios va a ver allá, eso es mentira, Dios no necesita nada de eso; Dios necesita es que tú, que tú cambies tu vida, que tú seas mejor persona, que tú no seas prepotente, que tú no seas egoísta, que tú no seas altivo, que tú no mires a otra persona que porque tú tienes 10, 12 carreras, yo gano 50, 60 millones, entonces tú eres una piltrafa para mí, ¿no?”.

Y quería ya para terminar, decirte que gracias por contar todas esas historias, no sé si te queda alguna o algo por contar que quieras compartirnos antes… ¿tienes que hacer otra cosa, otra entrevista, o una última para que no se nos quede una historia que hayas querido contar que tal vez no esté? O si no, pues… “Te voy a dar dos tips: cuando una persona está convaleciente, con el solo olor de la persona, ya sabes si se va para el infierno o para… te voy a decir el porqué: cuando una persona está próxima a fallecer, cuando tú encuentras un ambiente cálido, suave, como con olor a frutas, como algo silvestre, esa persona se va a ir bien, pero cuando tú entras y sientes que tu cabeza se te, como se te va a explotar, quieres salir corriendo, esa persona ya está condenada”.

“Jamás hagan velorios, jamás hagan rezos, esa estupidez no sirve, jamás los lloren; duele, sí, pero, que esa… jamás se vistan de negro, jamás, sí. ¿Se han dado cuenta que cuando tiene una persona, siempre los pies dan hacia la puerta? Así se… así vaya en el vehículo, así esté en el, en el, en el sarcófago, así se meta al ascensor, siempre tiene que ir de pies, jamás de la cabeza para allá”.

Sí, he escuchado eso. “Eso jamás se debe hacer, sí, sí, he escuchado que cuando entran al quirófano debe entrar incluso caminando, sí, exactamente, o de pies, y lo más duro es cuando hay gente en los velorios que se ponen a llorar, que ponen a hacer ridiculeces, eso no se hace”.

Pero antes de eso, ¿por qué dices que no puede entrar de cabeza al quirófano, por ejemplo? “Porque él tiene que ver la luz, porque el paciente tiene que ver la luz, sí, tiene que ver por dónde vas a ir, tiene que ver por dónde irse”.

El último coso, te voy a comentar el último: un chico de esos neófitos que se dejan llevar por cosas del CCI, de esas cosas de los de las cosas americanas que con que uno tiene pantalla, hologramas, y corre, eso no existe aquí en Colombia. Él se formó tanatopractor por eso, y cuando llegó no había nada de eso y se desmoralizó mucho. Bueno, el primer día de su trabajo, esto le tocó suave, una chica, y eso está por YouTube y ese video está en YouTube, y eso fue aquí en Colombia, eran las dos de la tarde y el chico abrió la puerta y estaba solo un cuerpecito, estaba el de la chica. ¿Qué pasó? Él estando entrando, la chica estaba totalmente tapadita, la chica se sentó, se sentó, se giró con sus piernitas y se quedó viéndolo así, ya estando fallecida 100%, y él salió y él nunca más volvió. Y la chica, ya después la cámara empezó a parpadear y ya cuando volvió a otra la imagen, la chica ya estaba acostada de nuevo, y lo que logró capturar la pantalla fue que la chica se sentó, se giró sobre sí misma, se apoyó y se quedó mirándola él así”.

¿Y eso iba a preguntar, a veces los cuerpos tienen reflejos o se mueven? “Sí, sí, sí, eso es normal, pero no están vivos, no están vivos, sino que tienen como digamos un movimiento de reflejo los músculos, eh, porque los músculos se retraen; lo mismo cuando los cuerpos son, cuando van para para los hornos crematorios, cuando se introduce el cuerpo, el cuerpo empieza a encogerse y empieza a como a crispar, y eso son cosas naturales o efectos naturales. Es mejor la cremación que estar en tierra. Y digamos muchos dicen que a veces aprietan duro los puños o hay que moverlos, hay que hacerle masajes a los cuerpos para que se dejen trabajar. Uno tiene que hablarles, uno tiene que presentarle, pedirles permiso: ‘Mira, yo soy tal, vengo a hacer este procedimiento, tu familia te está esperando, por favor, déjate arreglar’, y ellos se dejan trabajar normal, se sueltan”.

¿Digamos, no se sueltan? “Se sueltan, sí”.

Y parte del trabajo de ustedes es también vestirlos y todo. Todo. En otra oportunidad nos veremos porque ya estamos llegando ahora sí al final. Sí, que pasaron muchas cosas, sí, quedaron muchas, pero vamos a hacerlo nuevamente. Muchas gracias y de verdad, muchas gracias por estar en este capítulo de Historias Paranormales. “Gracias a ti. Y también, si alguno quisieras contactarlo, seguirlo, puedes dar mi número, no tengo problema, sin ningún problema”.

¿Cuáles son sus redes sociales, cómo lo pueden buscar? “No, yo generalmente tengo TikTok pero por ver cosas así, y me encanta ver cosas, escuchar los relatos, y yo sé, eso es verdad, eso no es mentira lo que está diciendo tal persona, y me encanta”.

Bueno, muchas gracias por estar en Historias Paranormales con Esteban Cruz. Gracias, y a ustedes que están ahí, de verdad, muchas gracias por acompañarnos en este nuevo episodio. Como yo siempre digo, aquí estamos presentando historias, estamos presentando a los protagonistas, ustedes al final deciden en qué creer. Yo siempre soy escéptico, pero al mismo tiempo siempre busco el misterio, quiero saber qué hay, mi sueño es algún día vivir todo lo que dicen que han vivido las personas que han estado aquí, no los juzgo, no digo que sea mentira, nunca lo diré, pero yo lo quiero vivir, yo yo mismo lo quiero vivir; hasta el momento no ha sido posible. Así que si usted tiene una historia sorprendente, por más extraña que parezca, puede escribirnos aquí abajo, también vamos a dejar un correo electrónico y ahí con ustedes nos podemos comunicar, y ahí entonces usted puede ser protagonista de la nueva historia, del nuevo capítulo de Historias Paranormales. A ustedes, estén donde estén, de todo corazón que les vaya bien, que todo se cumpla, que sus sueños se hagan realidad, porque ustedes estén donde estén, yo, Esteban Cruz, le quiero decir que los quiero mucho.