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Diosdado Cabello y Delcy Rodriguez enfrentados por la presidencia de Venezuela | Luis Quiñonez

La cúpula del poder en Venezuela atraviesa su hora más oscura debido a una fractura interna que amenaza con destruir los cimientos del movimiento político oficialista. Tras la salida del escenario principal de Nicolás Maduro, la vicepresidenta Delcy Rodríguez y el influyente líder Diosdado Cabello se encuentran inmersos en una feroz disputa por el control absoluto del país y la futura candidatura presidencial, en un contexto marcado por la intervención de la diplomacia estadounidense y la presión de la justicia internacional. El analista político y comandante Luis Quiñonez ha revelado detalles impactantes sobre este conflicto que combina ambición, amenazas de extradición y un complejo ajedrez geopolítico que mantiene al pueblo venezolano en una tensa expectativa.

El equilibrio de fuerzas se ha alterado radicalmente tras los recientes movimientos de Washington. Aunque figuras internacionales han señalado que el país se encuentra en una fase de administración interna bajo la gestión de Rodríguez, la realidad detrás de bambalinas es de una hostilidad absoluta. El gobierno de Estados Unidos, utilizando una estrategia de presión psicológica y judicial, mantiene sobre la mesa borradores de cargos por lavado de dinero que involucran directamente a la vicepresidenta y a su entorno familiar. Esta presión tiene un objetivo muy claro: forzar la firma de las órdenes de extradición de figuras clave del régimen, entre ellas el empresario Alex Saab y el propio Diosdado Cabello.

Por su parte, Diosdado Cabello ha mostrado un cambio notable en su comportamiento público. Tradicionalmente caracterizado por un discurso agresivo y desafiante frente a la comunidad internacional, el dirigente ha bajado el tono, adoptando una postura inusualmente conciliadora y permitiendo una reducción en las redadas y retenes militares internos en Venezuela. Este giro estratégico responde a sus propias ambiciones de postularse a la presidencia en los comicios proyectados para dentro de dieciocho meses. Sin embargo, su camino hacia el Palacio de Miraflores está bloqueado por una orden de captura internacional de Interpol y una recompensa de veinticinco millones de dólares sobre su cabeza que lo convierte en un fugitivo permanente de la justicia norteamericana.

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La paradoja de ver a funcionarios estadounidenses manteniendo reuniones con un hombre con una recompensa internacional ha desatado duras críticas en el Congreso de los Estados Unidos. Analistas y legisladores cuestionan que se trate a Cabello como un copresidente en lugar de proceder a su arresto inmediato. No obstante, la estrategia de Washington parece inclinarse por desmantelar su estructura de poder de manera gradual. Actualmente, se ejecuta una profunda depuración del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas venezolanas para destituir a los comandantes leales a Cabello y reemplazarlos por militares patriotas. Sin el respaldo del ejército y ante el debilitamiento de los denominados colectivos armados, el poder real del dirigente radical quedaría completamente anulado.

En este escenario de vulnerabilidad, el peligro para Cabello no solo proviene de la justicia formal. La millonaria recompensa estadounidense, sumada a la de otros altos mandos militares, representa un incentivo sumamente atractivo para los mercenarios extranjeros que aún permanecen en el territorio venezolano, tales como los antiguos miembros del Grupo Wagner, quienes hoy carecen de financiamiento y responderían únicamente al dinero. La posibilidad de una traición interna o de una entrega por parte de sus propios aliados políticos para aliviar las sanciones internacionales es un factor real que añade paranoia a la disputa presidencial.

Mientras tanto, la oposición liderada por María Corina Machado se prepara para un regreso coordinado con aliados internacionales, apostando por una transición pacífica y armoniosa que evite una destrucción mayor en el país. El mayor obstáculo radica en la desesperación de la población civil. Aunque se reportan mejoras económicas y el ingreso diario de cargamentos de ayuda humanitaria, alimentos y medicinas, el retraso en la reestructuración de los salarios públicos y la permanencia de funcionarios corruptos en la burocracia estatal generan un profundo descontento popular. El desenlace de esta guerra fría entre Delcy Rodríguez y Diosdado Cabello definirá si Venezuela avanza hacia una verdadera apertura democrática o si se hunde en una nueva etapa de caos y violencia interna por la supervivencia del poder.