Alabama, en el año 1887. Una anciana mujer que había sido esclavizada se arrodillaba en el barro mientras el rico dueño de una plantación le pateaba tierra directamente en la cara. Ella no se inmutó en absoluto, ni siquiera gritó ante la humillación. Aquel absoluto silencio de la mujer hizo que el hombre se enfureciera aún más.
Él levantó su bota una vez más, listo para castigarla. Fue en ese preciso instante cuando llegó el terrible aullido. Era un sonido profundo, gutural y extremadamente cercano, el tipo de rugido que congela la sangre de los hombres maduros.
Algo verdaderamente masivo se movió en la densa oscuridad, justo más allá del alcance de la luz de las antorchas. Unos ojos que brillaban como oro fundido observaban fijamente desde la línea de los árboles. La anciana susurró dos palabras que helaron la sangre del dueño.
—Mi hijo.
Pero su hijo llevaba muerto quince años. Todo el mundo en el pueblo sabía perfectamente eso. Lo que nadie sabía era a dónde había ido su espíritu, en qué se había convertido o por qué había regresado precisamente esta noche.
Su nombre era Alma y tenía sesenta y tres años de edad. Su espalda estaba completamente encorvada debido a las décadas de extenuante recolección de algodón en los campos. Sus manos lucían retorcidas como las raíces de un viejo árbol.
Apenas podía caminar sin que un dolor agudo le atravesara las rodillas. La plantación Thornhill se encontraba situada a doce millas a las afueras de Montgomery. Consistía en doscientos acres de campos de algodón que parecían no tener fin.
Tenía una casa principal con majestuosas columnas blancas y chozas de esclavos que se filtraban cada vez que llovía. Diecisiete personas que habían sido esclavizadas todavía trabajaban la tierra diariamente. Esto ocurría a pesar de que la guerra civil había terminado hacía ya veintidós años.
Se quedaban allí simplemente porque no tenían ningún otro lugar a donde ir en el mundo. James Thornhill era el dueño de absolutamente todo lo que alcanzaba la vista a la redonda. Irse significaba morir de hambre en los caminos.
Además, los hombres que intentaban marchar eran encontrados colgados de los árboles. James Thornhill había heredado toda la inmensa plantación directamente de su padre. Tenía treinta y cinco años, estaba perfectamente afeitado y vestía siempre un traje negro.
Él creía firmemente que la esclavitud era el orden natural de las cosas. Pensaba que Dios había creado a algunas personas para servir y a otras para gobernar. Cuando se proclamó la emancipación, su padre se había reído a carcajadas.
Cuando terminó la Reconstrucción, su padre lo había celebrado en grande. Ahora, James dirigía las cosas exactamente de la misma manera que su abuelo lo había hecho. Lo hacía con extrema violencia, con miedo constante y con un control absoluto.
Alma había nacido en esa misma tierra cruel. Había estado recogiendo algodón desde que tenía tan solo cinco años. Había visto a su propia madre morir dolorosamente durante el parto.
Había enterrado a tres de sus hijos antes de que cumplieran los diez años. Solo uno de ellos había logrado sobrevivir hasta alcanzar la edad adulta. Su nombre era Thomas y era un muchacho alto y fuerte.
Era muy rápido con los números y sabía leer perfectamente, aunque eso estaba prohibido. Alma le había enseñado en el más absoluto secreto. Para ello utilizó una Biblia que había robado de la casa principal.
Thomas había desaparecido misteriosamente hacía quince años. Tenía diecinueve años cuando ocurrió aquel terrible suceso. Un día se encontraba trabajando normalmente en los campos de cultivo.
Al día siguiente, simplemente ya no estaba por ninguna parte. El padre de James Thornhill dijo que Thomas había escapado corriendo. Pero Alma sabía muy bien que la verdad era otra.
Ella misma había encontrado sangre fresca en el suelo del granero. Había visto el terror puro en los ojos de los demás trabajadores. Nadie se atrevía a hablar de lo que realmente había sucedido.
Hablar de ello significaba morir de forma inmediata. Algo más había aparecido en la zona justo después de que Thomas se desvaneciera. Un lobo enorme, de pelaje negro como el carbón y ojos dorados.
Comenzó a ser visto cerca de la plantación durante las noches. Jamás atacaba a las personas que habían sido esclavizadas. Sin embargo, tres capataces habían muerto violentamente a lo largo de los años.
Fueron mutilados, destrozados por completo y encontrados en pedazos. James Thornhill duplicó de inmediato las patrullas nocturnas en las tierras. Colocó numerosas trampas y contrató a cazadores experimentados.
El lobo nunca pudo ser atrapado por los hombres. Ni siquiera era visto con claridad por los vigilantes, solo sombras, solo aullidos y las sangrientas secuelas que dejaba. Alma creía firmemente que el espíritu de su hijo vivía en ese animal.
Los demás pensaban que estaba completamente loca de dolor. Pero ella realmente lo sentía en lo profundo de su ser. Cada vez que el lobo aparecía, sentía a Thomas cerca de ella, observando, esperando y protegiéndola.
La noche de hoy le daría la razón por completo. El día había comenzado exactamente como cualquier otro. Alma se despertó mucho antes del amanecer en el barracón.
Era una choza de madera que compartía con otras tres mujeres. El techo estaba lleno de agujeros por donde entraba la lluvia. El suelo era de pura tierra apelmazada y húmeda.
No había camas reales, solo montones de paja y mantas rotas. Podía ver claramente su propio aliento en el aire gélido. Su cuerpo gritó de dolor cuando intentó ponerse de pie.
Cada articulación le dolía y cada músculo le causaba tormento. Ya era demasiado vieja para este tipo de trabajo tan duro. Pero detenerse significaba recibir un castigo físico o algo mucho peor.
Caminó lentamente hacia el pozo que estaba afuera. El sol apenas comenzaba a salir en el horizonte. Una luz anaranjada se extendía perezosamente sobre los inmensos campos de algodón.
La plantación estaba en completo silencio, excepto por el canto de los gallos. Sacó agua del pozo con un esfuerzo enorme. Sus manos temblaban violentamente debido al frío y al cansancio.
El cubo estaba sumamente pesado para sus débiles fuerzas. Terminó derramando la mitad del agua mientras lo cargaba de regreso. James Thornhill ya se encontraba completamente despierto a esa hora.
Ella podía ver la luz de las lámparas en las ventanas. Él se levantaba temprano cada día para inspeccionar la plantación. Quería asegurarse de que todas sus propiedades estuvieran en perfecto orden.
Eso incluía, por supuesto, a las personas esclavizadas. Alma se dirigió directamente a la cocina de la casa principal. Se suponía que debía ayudar a preparar el desayuno de la familia.
Su trabajo consistía en pelar patatas y lavar los platos pesados. Eran tareas simples para alguien de su avanzada edad. Pero incluso las tareas más sencillas le resultaban dolorosas ahora.
La cocinera era una mujer llamada Ruth, de cuarenta años. Ruth también había estado en la plantación durante toda su vida. Se movía rápidamente por el espacio, cortando, revolviendo y revisando el fuego.
—Pareces muy cansada —dijo Ruth, observándola con lástima.
—Siempre estoy cansada —respondió Alma con voz apagada.
—El amo Thornhill estuvo preguntando por ti ayer. Decía que te mueves demasiado lento, decía que ya eres inútil.
Alma prefirió no decir absolutamente nada al respecto. Tomó una patata y comenzó a pelarla con cuidado. De repente, sus manos sufrieron un fuerte calambre.
El cuchillo se le resbaló de los dedos torpes. Se cortó profundamente el dedo pulgar con la hoja afilada. La sangre comenzó a gotear directamente sobre la patata limpia.
—Ten mucho cuidado —advirtió Ruth con nerviosismo—. No vayas a sangrar sobre la comida del amo.
Alma se envolvió rápidamente el pulgar en un trapo viejo. Continuó pelando las patatas a pesar del dolor punzante. El malestar en sus manos se volvió cada vez peor.
Dejó caer el cuchillo dos veces seguidas al suelo. En ese momento, James Thornhill entró caminando a la cocina. Estaba vestido formalmente con su impecable traje negro de diario.
Sus botas estaban perfectamente pulidas y brillaban bajo la luz. Su cabello se encontraba peinado hacia atrás con abundante aceite. Miró directamente a Alma con una expresión de total disgusto.
—¿Por qué sigue ella trabajando aquí dentro? —le preguntó a Ruth.
—Ella me ayuda mucho, amo Thornhill. Hace todo lo que puede.
—No hace absolutamente nada. Mírala bien. Apenas puede sostener un cuchillo entre sus manos.
Alma mantuvo sus ojos fijos en el suelo de madera. Había aprendido hacía muchísimo tiempo una lección fundamental. No debía mirar jamás a los ojos a los dueños de las plantaciones.
Eso era visto como una grave falta de respeto. Y la falta de respeto significaba palizas brutales de inmediato.
—Puedo trabajar, amo —dijo Alma en un tono muy bajo.
—Eres un desperdicio de espacio, un desperdicio de comida. Deberías haber muerto hace ya muchos años.
Aquellas crueles palabras golpearon a Alma como si fueran puños. Sin embargo, ella no mostró la más mínima emoción en el rostro. Mostrar dolor le daba satisfacción a hombres como James Thornhill.
—Sal de mi cocina ahora mismo —ordenó él con frialdad—. Ve a alimentar a los cerdos de la parte trasera.
—Al menos para eso sí debes ser buena.
Alma dejó lentamente la patata sobre la mesa de trabajo. Se limpió las manos ensangrentadas en su gastado vestido. Salió caminando de la cocina con paso sumamente vacilante.
Su espalda encorvada dolía y sus piernas apenas sostenían su peso. Se movió con lentitud a través del patio hacia los corrales. El sol se encontraba más alto en el cielo ahora.
Otras personas esclavizadas comenzaban también sus duras labores diarias. Los hombres se dirigían a los campos cargando pesadas herramientas. Las mujeres llevaban grandes bultos de ropa hacia el lavadero.
Los niños pequeños corrían de un lado a otro buscando agua. Todo el mundo se movía manteniendo la cabeza gacha. Nadie hablaba a menos que se le hiciera una pregunta directa.
El corral de los cerdos estaba detrás del granero principal. Seis grandes cerdos vivían allí en medio de la suciedad. El olor que desprendía el lugar era verdaderamente abrumador.
Alma levantó un pesado cubo lleno de desperdicios de comida. Eran sobras de la cocina mezcladas flojamente con agua. Vertió todo el contenido directamente en el comedero de madera.
Los cerdos corrieron de inmediato, chillando y empujándose entre sí. Alma se quedó allí de pie, simplemente observándolos comer. Esos animales vivían mucho mejor de lo que ella jamás había vivido.
Ellos eran alimentados adecuadamente todos los días del año. Eran mantenidos con un propósito claro por los dueños. Cuando les tocaba morir, el proceso era sumamente rápido.
Un cuchillo directo a la garganta y luego carne para la mesa. Ella comenzó a pensar profundamente en su hijo Thomas. Recordó con dolor la última vez que lo había visto con vida.
Él había estado cargando pesados cubos de agua hacia los campos. Se había detenido un momento y le había sonreído con ternura. Esa hermosa sonrisa era el último recuerdo bueno que poseía.
Una voz áspera rompió abruptamente todos sus pensamientos.
—¿Todavía sigues viva, vieja?
Ella se dio la vuelta lentamente para mirar quién hablaba. Era Silas, uno de los capataces más crueles de la plantación. Un hombre blanco de unos cuarenta años con cicatrices en el rostro.
Llevaba siempre un látigo de cuero colgado en su cinturón. Él disfrutaba enormemente lastimando a las personas por diversión. Todo el mundo en la plantación lo sabía perfectamente.
—Sí, señor —respondió Alma, manteniendo la mirada abajo.
—Me sorprende que hayas logrado sobrevivir a este duro invierno. Pensé que te congelarías hasta morir en esa choza miserable.
—Todavía sigo aquí, por ahora.
El hombre dio un paso hacia adelante, acercándose peligrosamente.
—¿Sabes lo que yo pienso realmente de ti? Pienso que el amo Thornhill debería venderte de una vez por todas. Podría obtener algo de dinero antes de que caigas muerta en el campo.
—Tal vez alguna granja de trabajo duro te aceptaría. Te harían trabajar hasta que quedaras convertida en puros huesos.
Alma prefirió no decir absolutamente nada y permaneció inmóvil.
—O tal vez simplemente deberíamos sacrificarte como a un perro viejo. Sería una verdadera misericordia, de verdad.
Él se echó a reír con una carcajada desagradable. Luego, se dio la vuelta y se alejó caminando rápidamente. Sus botas hacían ruidos húmedos mientras pisaban el espeso barro.
Alma se quedó allí de pie temblando por completo. No temblaba de miedo, sino de una rabia inmensa. Una rabia que había cargado dentro durante sesenta y tres años.
Era una furia que tenía que tragarse cada día. Lo hacía simplemente para poder sobrevivir en ese infierno terrenal. Caminó de regreso hacia las chozas de los esclavos.
Su trabajo de la mañana ya estaba completamente terminado. Ahora podría descansar un poco hasta que llegara la tarde. Luego habría muchas más tareas esperándola por realizar.
Remendar ropa vieja, fregar los suelos de la casa principal. Haría cualquier cosa que el amo Thornhill decidiera ordenar. Pero mientras pasaba cerca del granero, escuchó voces molestas.
Eran voces airadas que discutían en el interior. Se detuvo en seco para escuchar con atención lo que decían.
—¿Me estás diciendo que perdimos tres gallinas anoche?
Era la voz inconfundible de James Thornhill.
—Sí, señor —respondió otro de los capataces contratados.
Era un hombre mucho más joven llamado Porter.
—Algo logró entrar al gallinero, las mató a todas. Pero curiosamente no se las comió.
—¿Qué demonios las mató entonces?
—No lo sé con certeza, señor. Podría ser un zorro grande. O podría ser ese maldito lobo de nuevo.
Se hizo un silencio sepulcral por unos momentos.
—El lobo —dijo James Thornhill pronunciando las palabras lentamente—. Ese maldito lobo negro. Hemos colocado trampas de hierro por toda la propiedad, pero nunca cae en ellas. Es como si supiera exactamente dónde están.
—Los animales no saben nada sobre trampas humanas. Las estás colocando de forma incorrecta, Porter.
—Nosotros seguimos las huellas la última vez que apareció. Llevaban directamente hacia la espesura de los bosques. Luego, simplemente se desvanecieron por completo.
James Thornhill se quedó callado analizando la situación.
—Duplica las patrullas nocturnas a partir de hoy. Quiero hombres armados con rifles de repetición. Si ese lobo regresa, lo quiero muerto de inmediato. ¿Me escuchas bien?
—Sí, señor, entendido.
—Y revisa bien los barracones de los negros. Asegúrate de que ninguno de ellos lo esté alimentando en secreto. Asegúrate de que ninguno de ellos lo esté protegiendo de nosotros.
—¿Usted cree que ellos harían algo como eso?
—Creo que ellos también son como animales salvajes. Y los animales siempre se mantienen unidos entre sí.
Alma se alejó rápidamente del granero antes de que la vieran. Su corazón latía con una fuerza desbocada en su pecho. El lobo había estado aquí la noche anterior, muy cerca.
Había estado más cerca de lo que había estado en meses. Pensó de inmediato en Thomas una vez más. Pensó en la sangre encontrada en el suelo del granero.
Recordó las viejas historias que los ancianos solían contar. Historias sobre espíritus africanos, sobre transformaciones místicas, sobre una justicia profunda que venía de la tierra misma. Una justicia que despertaba cuando la humana fallaba miserablemente.
Tal vez ella estaba completamente loca por la vejez. Tal vez el dolor inmenso había roto su mente para siempre. Pero a pesar de todo, ella decidía creer con fuerzas.
Creía porque la creencia era lo único que le quedaba. El día transcurrió de una manera sumamente lenta y pesada. Alma remendó pacientemente un vestido que estaba muy roto.
Luego fregó de rodillas los suelos de la casa principal. Sus rodillas gritaban de dolor con cada movimiento que hacía. Para cuando llegó la tarde, apenas podía mantenerse en pie.
La cena consistió en lo mismo de siempre. Una pasta insípida de harina de maíz hervida. Un trozo de cerdo salado del tamaño de su pulgar. Un poco de agua fresca para pasar el bocado.
Comió dentro de la choza junto con las demás mujeres. Nadie hablaba demasiado en ese lugar tan lúgubre. Todo el mundo se encontraba demasiado cansado para entablar conversación.
Ruth se sentó sigilosamente justo a su lado.
—Deberías tener mucho cuidado —susurró Ruth muy cerca de su oído.
—¿Por qué dices eso? —preguntó Alma sin levantar la vista.
—El amo Thornhill está de muy mal humor hoy. Lo escuché hablar directamente con su esposa en la sala. Dijo que quiere deshacerse de los viejos e inútiles. Quiere hacer espacio para nuevos trabajadores en los campos.
—Él ya no puede comprar nuevos esclavos. La esclavitud terminó oficialmente hace años.
—Él no los compra de forma legal, los engaña. Les promete salarios justos y luego nunca les paga nada. Y si intentan marcharse, hace que los arresten por robo. Dice que le robaron herramientas o comida de la plantación. El sheriff del pueblo es su primo hermano, así que siempre funciona el truco.
Alma terminó de tragar su ración de comida.
—No importa en lo absoluto. Yo voy a morir aquí de todos modos, exactamente igual que todos los demás.
—No digas una cosa tan terrible —le pidió Ruth con tristeza.
—Es la verdad y lo sabes bien.
Ruth no dijo ninguna otra palabra después de eso. Ella sabía perfectamente que Alma tenía toda la razón del mundo. La noche cayó finalmente sobre la plantación entera.
Alma se acostó sobre su incómodo montón de paja seca. Las otras mujeres ya se encontraban profundamente dormidas a su alrededor. Podía escuchar claramente el sonido de sus respiraciones cansadas.
Podía oír a las ratas moverse entre las paredes de madera. Cerró los ojos con fuerza, pero el sueño no llegaba. Pensaba constantemente en Thomas, en el lobo, en las crueles palabras que James Thornhill le había dicho esa misma mañana.
Deberías haber muerto hace ya muchos años. Tal vez ese hombre malvado tenía toda la razón. Tal vez ella debió haber muerto junto con sus hijos. ¿Cuál era el verdadero sentido de continuar con esta vida?
¿Cuál era el punto de sufrir diariamente sin un final a la vista? Fue entonces cuando lo escuchó con total claridad. Un aullido largo, bajo, sumamente melancólico recorrió el aire.
Era el lobo que estaba llamando desde la oscuridad. Se sentó de inmediato en su lecho de paja. Las otras mujeres se movieron un poco pero no se despertaron.
Alma se puso de pie con lentitud. Su cuerpo protestó dolorosamente, pero ella simplemente ignoró el malestar. Caminó con sigilo hacia la puerta de la choza.
La abrió muy despacio para no hacer ruido. La noche se sentía extremadamente fría afuera en el patio. Miles de estrellas brillantes llenaban el cielo por completo.
La luna se encontraba casi en su fase llena. Podía ver perfectamente los campos, el granero y la casa principal. Otro aullido resonó en el aire, mucho más cerca esta vez.
Alma dio un paso hacia el exterior de la choza. Comenzó a caminar decididamente hacia donde provenía el sonido. Sus pies se encontraban completamente descalzos sobre la tierra.
El suelo estaba helado y lleno de espeso barro. A ella no le importaba en absoluto el frío de la noche. Pasó lentamente por el lado del corral de los cerdos.
Los animales se encontraban sumamente alterados a esa hora. Chillaban bajito y corrían nerviosos en pequeños círculos dentro. Algo los había asustado de una manera terrible.
Llegó finalmente al borde mismo de los campos de algodón. Las plantas estaban secas ahora, cosechadas hacía meses. El campo era solo tierra vacía y restos de vegetación marchita.
De repente, vio un movimiento rápido en la densa oscuridad. Algo masivo se movía manteniéndose muy bajo respecto al suelo. El lobo dio un paso al frente, entrando directamente bajo la luz de la luna.
Era muchísimo más grande de lo que cualquier lobo normal debería ser. Su altura superaba con creces la cintura de la mujer. Su pelaje era tan negro como la tinta más pura.
Sus grandes ojos brillaban con un intenso color dorado. Un denso vapor blanco salía de su boca debido al aire frío de la noche. Alma se quedó completamente inmóvil en el lugar.
No sentía ni un ápice de miedo en su corazón. Ella jamás le había tenido miedo a ese enorme lobo.
—Thomas —susurró con el hilo de voz que le quedaba.
El lobo la miró fijamente a los ojos. Su mirada era inteligente, plenamente consciente de lo que ocurría. No eran, bajo ninguna circunstancia, los ojos de un animal salvaje.
Grandes lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Alma.
—¿Realmente eres tú, mi muchacho?
El lobo dio un paso lento hacia adelante. Luego dio otro paso más, acortando la distancia. Se encontraba a escasos diez pies de ella ahora. Podía olerlo perfectamente desde su posición.
Tenía un olor salvaje, terroso, idéntico al del bosque profundo.
—Ellos te mataron —dijo ella con un dolor inmenso—. Te mataron y luego mintieron sobre lo que hicieron. Y yo no pude hacer absolutamente nada para evitarlo. No pude salvarte la vida.
El lobo bajó lentamente la cabeza ante sus palabras. Un sonido extraño provino directamente desde lo profundo de su garganta. No era un gruñido de ataque, sino algo mucho más suave.
Era un sonido que se asemejaba casi a un quejido de tristeza. Alma dio un paso hacia adelante de manera decidida. Extendió su mano derecha, la cual temblaba violentamente.
El lobo no se movió ni intentó atacarla. Sus dedos rozaron finalmente el espeso pelaje del animal. Se sentía sumamente cálido, real, completamente sólido al tacto.
—Mi hijo —lloró ella con desesperación—. Mi querido niño.
Un fuerte disparo de rifle explotó repentinamente en la noche. La bala golpeó el suelo muy cerca de las patas del lobo. Una nube de tierra saltó por los aires de inmediato.
El lobo se dio la vuelta rápidamente y salió huyendo. Se desvaneció en la profunda oscuridad en cuestión de segundos. Alma giró sobre sus talones, completamente asustada por el ruido.
James Thornhill corría hacia ella sosteniendo un rifle entre sus manos. El capataz Porter venía justo detrás cargando una antorcha encendida.
—¿Logré darle al maldito animal? —gritó Thornhill con furia.
—No, señor —respondió Porter, jadeando por el esfuerzo—. Se ha ido por completo.
Thornhill llegó hasta donde estaba Alma y la agarró bruscamente del brazo. Su agarre era fuerte como el hierro y le causaba dolor.
—¿Qué demonios estás haciendo aquí afuera a estas horas de la noche?
—Nada, amo. Escuché un ruido extraño y salí a mirar.
—Estabas hablando directamente con ese animal salvaje. Yo mismo te vi desde la distancia. Estabas hablando con él.
—No, amo, se equivoca. No estaba hablando con nadie.
—Claro que lo estabas haciendo.
Él la sacudió con una violencia desmedida. Los dientes de la anciana castañearon debido al fuerte impacto.
—Lo estás alimentando en secreto. Lo estás protegiendo de nosotros.
—No lo estoy haciendo, amo. Se lo juro por Dios.
—¡Mentirosa!
Él la empujó con desprecio hacia el suelo duro. Ella cayó pesadamente sobre la tierra y el barro. Su hombro izquierdo emitió un crujido sumamente alarmante.
Un dolor insoportable se extendió de inmediato por todo su cuerpo.
—Por favor, se lo ruego —jadeó ella, tratando de recuperar el aire.
—Ese maldito lobo ha estado matando a mi ganado. Ha matado a mis hombres selectos, ¡y tú lo estás ayudando!
—No lo estoy haciendo, amo. Se lo juro por mi vida.
Él le dio una fuerte patada directamente en las costillas. Ella comenzó a toser violentamente y un poco de sangre brotó de su boca.
—Amo Thornhill —intervino Porter, visiblemente incómodo—. Tal vez deberíamos detenernos. Ella ya es una anciana.
Thornhill apuntó el cañón de su rifle directamente a la cabeza de Alma.
—Tal vez simplemente debería terminar con todo esto de una vez por todas. Debería sacrificarte aquí mismo como al animal inútil que eres.
Alma levantó la vista para mirarlo directamente a la cara. No pudo encontrar ni el más mínimo rastro de humanidad en sus ojos. Solo había un odio puro y una crueldad infinita.
—Hazlo —dijo ella en un tono sumamente calmado y firme.
Aquella inesperada respuesta sorprendió por completo al hombre.
—¿Qué dijiste?
—Hazlo de una vez. Dispárame. Estoy completamente lista para morir.
Él la filmó con la mirada por unos tensos segundos. Su dedo se tensó sobre el gatillo, pero luego bajó lentamente el arma.
—No, eso sería un escape demasiado fácil para ti. Vas a sufrir primero por lo que has hecho.
Se dio la vuelta para mirar directamente al joven capataz.
—Enciérrala de inmediato en el sótano del granero. Sin comida y sin una sola gota de agua durante tres días enteros. Veamos si sigue siendo tan leal a ese lobo cuando se esté muriendo de hambre.
Porter dudó notablemente por un instante antes de obedecer.
—Señor, ella es muy anciana. Es muy probable que no logre sobrevivir tres días en ese lugar.
—Entonces que muera de una vez. No me importa en lo absoluto.
Arrastraron a Alma sin ninguna piedad a través de toda la plantación. Su cuerpo herido gritaba de agonía con cada tirón que le daban. Abrieron la pesada puerta de madera del sótano del granero.
Era un agujero excavado directamente en la tierra, debajo de las tablas. Estaba completamente oscuro y sumamente frío en el fondo. El lugar olía fuertemente a humedad, a moho y a muerte.
La arrojaron sin cuidado escaleras abajo por el hueco. Ella rodó dolorosamente por los peldaños de madera hasta golpear el suelo. Se quedó allí tirada, jadeando desesperadamente por el impacto recibido.
La pesada puerta se cerró de golpe sobre su cabeza con un ruido sordo. Se escuchó claramente el sonido metálico del candado al cerrarse. La oscuridad se volvió completa, total y absolutamente absoluta a su alrededor.
Alma permaneció tendida en el suelo durante un tiempo sumamente largo. Era muy probable que hubiera perdido el conocimiento debido al dolor. No estaba del todo segura de lo que ocurría.
Cuando volvió a abrir los ojos en la penumbra, no podía distinguir la diferencia. No sabía si sus ojos estaban abiertos o cerrados de lo oscuro que estaba. Sus costillas le dolían horriblemente al respirar.
Su hombro herido le causaba un tormento constante. Todo su cuerpo se sentía quebrado. Pensó seriamente que iba a morir en ese agujero oscuro. Pensó que tal vez eso sería lo mejor que le podría pasar.
Pero entonces, en medio del silencio, volvió a escucharlo con claridad. Era un sonido tenue y distante, pero inconfundible. Un aullido rasgó el aire de la noche afuera.
El lobo todavía se encontraba merodeando por los alrededores de la plantación. Thomas seguía vivo y estaba afuera buscándola en la oscuridad. Y mientras él continuara allí, ella tendría que resistir con todas sus fuerzas.
Tenía que hacerlo porque se había dado cuenta de algo fundamental en la oscuridad. Se dio cuenta de algo sumamente importante mientras estaba encerrada en ese agujero. Thomas no había regresado únicamente para protegerla de los hombres.
Él había regresado impulsado por un deseo profundo de venganza. Y esa terrible venganza apenas estaba comenzando a manifestarse en la plantación. El sótano se sentía exactamente como si fuera una tumba fría.
Alma era incapaz de ver sus propias manos frente a su rostro. La densa oscuridad parecía presionar contra su cuerpo como si fuera un peso físico real. Intentó ponerse de pie con mucho esfuerzo, pero su cuerpo simplemente se negó a obedecer las órdenes de su mente.
Su hombro izquierdo se encontraba gravemente lesionado por la caída. Cada vez que intentaba tomar una bocanada de aire, un dolor agudo e insoportable le atravesaba las costillas rotas. Se limitó a quedarse tendida sobre el frío suelo de tierra batida.
El paso del tiempo comenzó a perder por completo todo su significado lógico. No tenía forma de saber si estaban pasando los minutos o las horas en el exterior. No había ni la más mínima rendija de luz en el techo.
No se escuchaba ningún sonido, excepto el eco de su propia respiración entrecortada. De vez en cuando, se oía el rápido correr de las ratas entre las sombras del lugar. La sed hizo su aparición en primer lugar de forma implacable.
Su garganta se volvió extremadamente seca, luego áspera y finalmente muy dolorosa. Intentó tragar saliva varias veces, pero no quedaba ni un rastro de humedad en su boca. Su lengua se sentía sumamente gruesa y completamente hinchada dentro.
El hambre llegó poco después para aumentar su tormento físico. Su estómago comenzó a sufrir fuertes calambres debido a la falta de alimento. Ya se encontraba completamente vacío cuando la arrojaron violentamente aquí abajo.
Ahora el órgano se retorcía dolorosamente y emitía constantes quejidos sordos. Intentó ignorar el malestar con todas sus fuerzas, pero el dolor solo aumentaba. El frío de la noche era constante y despiadado en el sótano.
Comenzó a filtrarse profundamente en sus viejos huesos desprotegidos. Empezó a temblar de una manera totalmente incontrolable en el suelo. Su delgado vestido de algodón no le proporcionaba absolutamente nada de abrigo contra las bajas temperaturas.
Se acurrucó lo más que pudo, intentando conservar el poco calor corporal que le quedaba. No ayudó demasiado a calmar sus temblores. Pasaron las horas en la penumbra, o tal vez fueron días enteros.
Le resultaba completamente imposible saberlo con certeza en esa situación. Entraba y salía constantemente de un estado de semicognición debido a la debilidad. Su mente cansada comenzó a jugarle crueles trucos ópticos y auditivos.
Vio claramente a Thomas cuando era tan solo un niño pequeño corriendo por el patio. Escuchó su risa alegre resonar con fuerza en las esquinas del sótano. Sintió la calidez de su pequeña mano sosteniendo la suya con firmeza.
Luego se despertaba abruptamente y recordaba con amargura la terrible realidad de las cosas. Él estaba muerto, se había ido para siempre del mundo de los vivos. Había sido brutalmente asesinado en esta misma plantación hacía quince largos años.
Pero a pesar de todo, el lobo negro era real. Ella misma lo había tocado con sus propios dedos esa misma noche. Había sentido perfectamente la calidez de su espeso pelaje bajo su mano.
Eso definitivamente no había sido un producto de su imaginación o un sueño. Pensó detenidamente en lo que James Thornhill le había dicho antes de encerrarla. Vas a sufrir primero por lo que has hecho.
Ella había estado sufriendo de manera ininterrumpida durante toda su larga vida. ¿Qué significaban tres días más de tormento en ese sótano oscuro? ¿Qué significaba morir lentamente en un agujero comparado con sesenta y tres años de dura esclavitud?
Tal vez este encierro fuera, después de todo, una verdadera muestra de misericordia divina. Tal vez la muerte fuera lo único capaz de liberarla finalmente de sus cadenas. Pero de inmediato pensó en Thomas, en el hermoso lobo negro.
Pensó en la forma exacta en que el animal la había mirado con sus intensos ojos dorados. Él no había seguido adelante hacia el más allá, no había encontrado la paz eterna. Seguía atado a este mundo terrenal, firmemente ligado a este lugar maldito.
Continuaba allí afuera, protegiéndola de los hombres blancos que querían lastimarla. Si ella se dejaba morir en este sótano, ¿qué pasaría entonces con él? ¿Sería finalmente libre de su dolorosa carga espiritual?
¿O quedaría atrapado en esta plantación para siempre por su promesa de protección? Tenía que sobrevivir a como diera lugar en este agujero. No lo haría por ella misma, sino por el bienestar de su querido hijo.
Alma comenzó a arrastrarse con una lentitud dolorosa a través del suelo de tierra. Sus manos tanteaban desesperadamente la densa oscuridad que la rodeaba por completo. Encontró finalmente una pared de piedra que se sentía sumamente húmeda al tacto.
Se movió a lo largo de ella, buscando con los dedos cualquier irregularidad en la superficie. Buscaba una grieta por donde pudiera estarse filtrando un poco de agua de lluvia. O tal vez un agujero por donde entrara algo de aire fresco del exterior.
No pudo encontrar absolutamente nada útil en las piedras frías. Continuó buscando a pesar del dolor punzante en su hombro herido. De repente, sus dedos tocaron algo extremadamente suave y peludo.
Retiró la mano de inmediato por el susto recibido. Era una rata que chilló molesta y salió corriendo rápidamente hacia la oscuridad del sótano. Alma continuó moviéndose con paciencia a lo largo de la pared de piedra.
Entonces su mano derecha tocó una superficie que se sentía completamente diferente a la anterior. Era madera vieja. Parecía ser una especie de estante rústico empotrado en la pared.
Estiró el brazo hacia arriba con mucho esfuerzo físico para explorar la superficie de madera. Había varios objetos pequeños colocados en fila sobre el estante. Agarró el primero de ellos con cuidado.
Era un frasco de vidrio que se encontraba totalmente vacío por dentro. Tomó otro frasco similar, pero este también estaba completamente vacío. Finalmente, su mano tropezó con un objeto metálico diferente.
Era una pequeña taza de hojalata bastante desgastada por el paso del tiempo. La agitó un poco con los dedos y escuchó un sonido celestial. Había líquido moviéndose en el interior del recipiente.
Era agua. Agua vieja y seguramente estancada desde hacía muchísimo tiempo en ese lugar. Probablemente estaba llena de bacterias y suciedad que podrían enfermarla gravemente del estómago.
A ella no le importó en lo más mínimo ese detalle en su estado actual. Se llevó temblorosamente la taza de hojalata directamente a los labios resecos. Comenzó a beber el líquido con desesperación.
El agua tenía un fuerte sabor a óxido metálico y a tierra sucia. Se la bebió por completo sin dejar una sola gota en el fondo. No era una gran cantidad de agua la que había allí dentro.
Serían quizás unas cuatro onzas de líquido como mucho, pero era algo de vida. Dejó la taza vacía sobre el suelo con mucho cuidado de no tirarla. Se sintió un poco más fuerte casi de inmediato gracias a la hidratación.
No era una gran mejoría en sus fuerzas, pero era algo de alivio para su cuerpo. Se volvió a recostar sobre el frío suelo de tierra del sótano. Cerró los ojos e intentó descansar la mente.
El sueño llegó a ella únicamente en pequeños fragmentos confusos y desordenados. Soñó vívidamente que toda la inmensa plantación Thornhill ardía en medio de un fuego incontrolable. Soñó con James Thornhill gritando desesperadamente rodeado por las llamas.
Soñó con el enorme lobo negro parado triunfante sobre su cuerpo sin vida. Un sonido fuerte proveniente del exterior la despertó abruptamente de sus sueños. Se escuchaban pasos pesados caminando sobre las tablas de madera del techo.
Eran voces humanas que se escuchaban sumamente amortiguadas a través del grueso suelo.
—Ella ya lleva encerrada ahí abajo dos días enteros.
Era la voz inconfundible de Ruth que hablaba con tono de profunda preocupación.
—Son las órdenes directas del amo, Ruth —respondió la voz de Porter.
—Se va a morir si la dejamos más tiempo ahí abajo sin nada.
—Tal vez ese sea precisamente el objetivo del amo con todo esto.
—Eso es un asesinato a sangre fría, Porter. Lo sabes bien.
—Cuida muy bien tus palabras, Ruth. ¿Acaso quieres terminar encerrada ahí abajo junto con ella por hablar de más?
Se hizo un tenso silencio en la parte superior del granero. Luego, el sonido de los pasos comenzó a alejarse lentamente del lugar. Dos días enteros.
Había estado encerrada en este agujero oscuro durante dos largos días. Solo le quedaba un día más por soportar según el castigo impuesto. Eso si James Thornhill decidía cumplir su palabra original con ella.
Si es que no decidía simplemente dejarla morir allí dentro hasta que se pudriera su cuerpo. El dolor físico en su anatomía había evolucionado notablemente con las horas. Ya no se sentía como un dolor agudo y punzante en las costillas.
Ahora era un malestar sordo, constante y completamente entumecedor en cada músculo. Su cuerpo entero se estaba apagando lentamente debido al esfuerzo extremo y al hambre. Sus órganos estaban comenzando a rendirse por la falta de energía.
Sin embargo, su mente se mantenía firmemente aferrada a la vida por un propósito. Pensaba constantemente en su hijo Thomas para no perder la cordura en la oscuridad. Repasaba minuciosamente cada uno de los hermosos recuerdos que poseía de él.
Recordó con total claridad sus primeros pasos tambaleantes cuando era un bebé. Sus primeras palabras pronunciadas con dificultad, la forma tan alegre en que se reía de las cosas. La manera en que solía meter libros prohibidos a escondidas en el barracón.
Se acordó de cómo leía concentrado a la tenue luz de una vela gastada. Él había sido un muchacho sumamente inteligente, demasiado inteligente para su propia seguridad. Eso resultaba extremadamente peligroso para una persona que se encontraba esclavizada.
Los esclavos inteligentes comenzaban a hacer preguntas incómodas a los amos blancos. Eran capaces de ver claramente todas las profundas contradicciones del sistema en que vivían. Ellos deseaban fervientemente alcanzar la libertad a toda costa.
El padre de James Thornhill se había dado cuenta perfectamente de esa alarmante situación. Había dicho públicamente que Thomas era un negro sumamente altanero y peligroso. Había asegurado que Thomas necesitaba ser quebrado físicamente por los capataces.
Decía que el muchacho necesitaba aprender cuál era su verdadero lugar en el mundo. Alma le había rogado de rodillas a Thomas que tuviera muchísimo cuidado en el trabajo. Le pedía que mantuviera la cabeza gacha frente a los hombres blancos.
Le aconsejaba que pretendiera ser un muchacho simple y tonto ante los ojos de los capataces. Pero Thomas se había negado rotundamente a rebajarse de esa manera tan humillante. Él le había dicho firmemente que prefería morir como un hombre libre.
Decía que jamás aceptaría vivir el resto de sus días como un esclavo sumiso. Al final de las cosas, obtuvo exactamente lo que tanto había deseado en la vida. Murió joven, pero jamás llegó a saborear la verdadera libertad humana en la tierra.
O tal vez sí lo había logrado de una manera completamente diferente y mística. Tal vez el enorme lobo negro era su verdadera forma de alcanzar la libertad absoluta. Una forma física que no poseía cadenas de hierro que la ataran.
Un poder inmenso que no podía ser controlado de ninguna manera por los hombres blancos. Un sonido completamente diferente llamó su atención en ese momento preciso. No se trataba de pasos humanos caminando sobre las tablas de madera del techo.
Era un sonido de garras afiladas rascando desesperadamente contra la madera de la puerta. Alma se sentó de inmediato en el suelo a pesar del dolor punzante. El tormento físico recorrió su cuerpo una vez más, pero ella lo ignoró por completo.
El rascado frenético continuaba escuchándose con total claridad en la entrada del sótano. Venía directamente de la parte superior, de la pesada puerta de madera del granero. Fue entonces cuando se escuchó un fuerte aullido justo arriba de ella.
El lobo negro se encontraba parado exactamente sobre el techo de su prisión subterránea.
—Thomas —susurró ella con lágrimas en los ojos en medio de la oscuridad.
El rascado de las garras en la madera se volvió cada vez más frenético y desesperado. El lobo estaba intentando con todas sus fuerzas abrirse paso hacia el interior del sótano. Estaba intentando por todos los medios llegar hasta donde se encontraba ella encerrada.
Pero la pesada puerta de madera era sumamente gruesa y resistente a los impactos. El candado de hierro que la sujetaba era totalmente sólido y de buena calidad. Incluso una criatura mística tan poderosa como el lobo era incapaz de romperlo fácilmente.
De repente, se comenzaron a escuchar gritos alarmados de hombres en el patio exterior.
—¡Está aquí! ¡El maldito lobo negro está aquí mismo! ¡Suelten a los perros!
—¡Busquen los rifles de repetición rápido en la casa principal! ¿A dónde demonios se metió el animal?
—¡Estaba parado justo al lado de la puerta del granero hace un momento!
Varios disparos de rifle comenzaron a resonar con fuerza en medio de la noche. Tres, cuatro, cinco detonaciones seguidas rompieron el silencio habitual de la plantación. Los fuertes estallidos hicieron eco en las paredes del sótano de tierra.
Luego de los disparos, se hizo un silencio absoluto que duró unos tensos instantes. Alma esperó inmóvil en la oscuridad con el corazón latiéndole a mil por hora. ¿Acaso los hombres blancos habían logrado matar al animal con sus rifles de largo alcance?
¿Habían matado a su querido Thomas una vez más en este lugar maldito? Transcurrieron varios minutos que se sintieron como si fueran largas y agonizantes horas de espera. Entonces escuchó algo completamente diferente que le heló la sangre en las venas.
Era un grito humano desgarrador de un hombre adulto que fue cortado abruptamente a la mitad. Se escucharon de inmediato más gritos de pánico absoluto y más detonaciones de armas de fuego. Un verdadero caos se había desatado en la parte superior de la plantación.
Algo sumamente pesado impactó con fuerza contra el suelo exterior del granero. Luego se oyó otro grito de dolor, un sonido húmedo y completamente gutural que indicaba una muerte violenta. El lobo negro definitivamente no estaba muerto en absoluto.
El animal estaba atacando con una furia implacable a todos los hombres que encontraba a su paso. Alma presionó su oído izquierdo directamente contra el frío suelo de tierra batida. Podía escuchar claramente el sonido de pasos corriendo apresurados.
Se oían gritos de pánico, órdenes contradictorias de los capataces y una confusión absoluta afuera. Entonces la voz potente de James Thornhill resonó con total claridad en medio del alboroto general.
—¡Entren todos a la casa principal ahora mismo! ¡Pónganse a salvo dentro de las habitaciones! ¡Todos adentro ya!
Se escucharon varias puertas pesadas cerrarse de golpe a la distancia con fuerza. Hubo un par de disparos más de rifle y luego todo regresó a un silencio sepulcral. Alma continuó esperando pacientemente en la densa oscuridad de su celda subterránea.
No tenía la más mínima idea de lo que estaba ocurriendo exactamente en la superficie de la tierra. Lo único que sabía con total certeza era que el lobo negro se encontraba allá arriba. Sabía que estaba matando a los hombres que tanto daño le habían causado.
Pasaron varias horas más en el encierro, o tal vez se trató de tan solo una hora larga. Resultaba completamente imposible medir el tiempo de manera adecuada en esas condiciones extremas. Finalmente, se escuchó el sonido metálico del candado al abrirse con brusquedad.
La pesada puerta del sótano se abrió de par en par y una intensa luz invadió el lugar. Alma se cubrió los ojos de inmediato con ambas manos debido al dolor punzante. Había permanecido en la más absoluta oscuridad durante tanto tiempo que la luz era cegadora.
—¡Levántate de una vez, vieja maldita!
James Thornhill se encontraba parado exactamente en la parte superior de las escaleras de madera. Su rostro habitualmente arrogante lucía extremadamente pálido a la luz de la lámpara que sostenía. Sus manos temblaban de una manera bastante notoria.
Alma intentó ponerse de pie con mucho esfuerzo físico, pero sus piernas simplemente no respondieron. Se desplomó pesadamente sobre el suelo de tierra debido a la extrema debilidad de su cuerpo.
—Te he dicho que te levantes de inmediato —volvió a gritar él con furia contenida.
—No puedo hacerlo, amo —respondió ella con un hilo de voz apenas audible—. Mis piernas ya no me sostienen.
Él bajó rápidamente los peldaños de madera del sótano, visiblemente enfurecido por la respuesta. La agarró bruscamente por el escaso cabello gris con una fuerza desmedida. La arrastró sin ninguna consideración escaleras arriba por los escalones.
Ella emitió un grito ahogado de dolor puro mientras su cuerpo herido se raspaba contra la madera. El hombre la sacó a rastras al patio exterior de la plantación, bajo el cielo nocturno. La noche había caído por completo una vez más sobre las tierras coloniales.
Varias antorchas encendidas iluminaban el patio principal de la propiedad con una luz vacilante. Pudo ver claramente a las demás personas esclavizadas amontonadas cerca de sus barracones de madera. Lucían completamente aterrorizadas por los eventos de la noche.
También pudo distinguir a los capataces sobrevivientes sosteniendo sus rifles listos para disparar. Se encontraban montando una estricta guardia alrededor de la casa principal de la familia. Y entonces sus ojos captaron la presencia de dos cuerpos tirados en el suelo.
Estaban completamente destrozados por las garras del animal y había abundante sangre esparcida por todas partes.
—Tu maldito lobo negro ha hecho todo este desastre —dijo Thornhill con una rabia asesina.
La arrojó con desprecio directamente sobre el suelo duro del patio de la plantación.
—Dos de mis mejores hombres han muerto esta noche por culpa de ese maldito animal salvaje que proteges.
Alma miró fijamente los cuerpos sin vida que yacían sobre la tierra húmeda. Uno de ellos pertenecía a Silas, el cruel capataz que se había burlado de ella esa misma mañana. Su garganta se encontraba completamente desgarrada por las fauces del lobo negro.
Sus ojos sin vida permanecían abiertos, mirando fijamente hacia la nada del cielo nocturno. El otro cuerpo pertenecía a un hombre joven que ella no lograba reconocer de la plantación. Probablemente se trataba de uno de los cazadores contratados por el amo para la vigilancia.
Su estómago se encontraba completamente abierto y sus entrañas estaban esparcidas sobre la tierra.
—Yo no he hecho absolutamente nada de esto, amo —dijo Alma con una voz sumamente débil por el dolor.
—Tú llamaste a ese maldito monstruo aquí con tus brujerías. Estás conectada con él de alguna manera oscura, lo sé muy bien.
Él sacó rápidamente una pistola de su cinturón y apuntó directamente a la cabeza de la anciana.
—Debería matarte aquí mismo en este preciso instante para terminar con todo el problema de una vez.
—Entonces hazlo de una vez por todas, amo —respondió Alma sin mostrar el más mínimo temor en el rostro.
Su voz era apenas un débil susurro en medio del silencio del patio de la plantación.
—Estoy completamente lista para morir y reunirme con mis seres queridos.
El dedo de James Thornhill se tensó notablemente sobre el gatillo del arma de fuego. Parecía que iba a disparar en cualquier momento, pero de repente se detuvo en seco analizando las cosas.
—No, no lo haré. He tenido una idea muchísimo mejor para lidiar contigo y con ese animal.
Se dio la vuelta para mirar directamente al joven capataz Porter que se encontraba cerca de él.
—Átala de inmediato al poste de los azotes que está en el centro del patio principal. Vamos a utilizar a esta vieja maldita como una carnada viva para atraer al monstruo.
Porter dudó visiblemente por unos instantes antes de responder a la orden directa del amo.
—Señor, ella apenas puede mantenerse en pie por sí misma debido al encierro. Esto me parece algo…
—Vas a hacerlo de inmediato o tú serás el siguiente en ser atado a ese poste junto con ella.
Porter se movió rápidamente hacia adelante, sin querer buscarse problemas con el furioso dueño de la plantación. Levantó el cuerpo de Alma del suelo con una facilidad asombrosa debido a su extrema delgadez. Ella no pesaba casi nada en esos momentos.
Los tres largos días enteros que había pasado encerrada en el sótano sin comida ni agua la habían marchitado. El hombre cargó su frágil cuerpo directamente hacia el centro mismo del gran patio de la propiedad. El temido poste de los azotes se encontraba firmemente enterrado allí.
Era un grueso tronco de madera oscura que se encontraba profundamente clavado en la tierra del patio. Numerosas manchas oscuras cubrían la superficie de la madera desgastada por el paso de los años. Era la sangre seca de incontables palizas brutales que se habían dado allí.
Porter procedió a atar firmemente las muñecas de la anciana al poste utilizando una cuerda de cáñamo gruesa. La soga se enterró de inmediato de forma dolorosa en la delicada piel de sus brazos. Las ató en una posición sumamente alta en el tronco de madera.
Esto hacía que los pies descalzos de la mujer apenas lograran rozar el suelo del patio principal. Absolutamente todo el peso de su cuerpo pendía directamente de su hombro izquierdo lesionado. El dolor físico que experimentaba se volvió verdaderamente insoportable para ella.
—Lo siento mucho, Alma —susurró Porter muy bajito cerca de su oído mientras terminaba de asegurar los nudos.
Alma prefirió no decir absolutamente nada al respecto en esos momentos de extremo sufrimiento. Ya no le quedaban las fuerzas necesarias para articular ninguna palabra con los labios secos. James Thornhill comenzó a posicionar estratégicamente a sus hombres armados por el patio.
Eran seis hombres en total, todos ellos armados con modernos rifles de repetición listos para disparar. Todos los cañones de las armas se encontraban apuntando directamente hacia la profunda oscuridad exterior del bosque. Se mantenían ocultos justo más allá del alcance de las antorchas.
—En cuanto ese maldito lobo negro aparezca en el patio, todos le disparan al mismo tiempo —ordenó Thornhill en voz alta—. Le van a disparar continuamente hasta que deje de moverse por completo en el suelo. ¿Ha quedado claro el asunto?
Los hombres armados asintieron con la cabeza de forma sumamente seria y preocupada. Todos ellos lucían notablemente asustados por la situación que estaban viviendo en la plantación. Habían visto con sus propios ojos de lo que era capaz el animal.
Thornhill se colocó estratégicamente cerca del porche de la majestuosa casa principal de la familia. Él mismo sostenía firmemente un rifle de largo alcance entre sus manos expertas. Sus ojos escudriñaban continuamente la densa oscuridad que rodeaba toda la propiedad.
Pasaron varias horas de angustiosa espera en medio del patio de la plantación. Alma continuaba colgada de forma dolorosa del grueso poste de madera de los azotes. Su conciencia iba y venía constantemente debido al extremo sufrimiento físico que padecía.
El dolor insoportable se había convertido finalmente en una especie de molesto ruido de fondo para ella. Absolutamente todo lo que la rodeaba comenzó a sentirse sumamente distante y completamente irreal. Empezó a pensar profundamente en el tierno rostro de su madre muerta.
Pensó con melancolía en cada uno de sus pequeños hijos que habían fallecido a tan corta edad. Pensó, por supuesto, en su querido Thomas y en su trágico final en las tierras. Comenzó a reflexionar sobre toda la inmensa plantación Thornhill en general.
Pensó en los interminables campos de algodón que se extendían por los acres de tierra. Pensó en las numerosas generaciones de personas que habían sufrido y muerto en este lugar maldito. Toda esta tierra se encontraba completamente empapada en sangre humana, en dolor y en injusticia.
Tal vez ese era el verdadero motivo por el cual Thomas había regresado del más allá. No lo había hecho únicamente para protegerla a ella en su vejez de los hombres blancos. Lo había hecho por todos ellos, por cada persona rota en esta tierra.
La brillante luna llena se elevó majestuosamente en lo alto del cielo nocturno de Alabama. Emitía una intensa luz plateada que iluminaba por completo cada rincón de la plantación entera. Fue entonces cuando volvió a escucharse el temido sonido en el aire de la noche.
Un largo y profundo aullido provino directamente desde el interior de la espesura de los bosques cercanos. Todos los hombres armados se tensaron de inmediato en sus posiciones del patio principal. Levantaron rápidamente los pesados rifles hacia el frente buscando el objetivo.
Sus ojos escudriñaban desesperadamente la densa oscuridad exterior para intentar localizar al animal salvaje.
—Manténganse todos listos en sus puestos —ordenó Thornhill en un tono de voz sumamente bajo y cortante.
Otro aullido idéntico resonó en el aire, encontrándose notablemente mucho más cerca de la plantación esta vez. Alma levantó lentamente la cabeza con el último rastro de fuerzas que le quedaba en el cuerpo. Miró fijamente hacia la dirección exacta de donde provenía el sonido.
—Thomas —alcanzó a pronunciar en un susurro casi imperceptible con sus labios resecos.
De repente, se pudo percibir un rápido movimiento de sombras entre los árboles del bosque cercano. Algo verdaderamente masivo se encontraba moviéndose en círculos alrededor de la propiedad del amo. Se mantenía estratégicamente justo en el límite de la luz de las antorchas.
—¡Ya puedo verlo desde aquí! —gritó uno de los hombres armados con una voz rota por el miedo absoluto.
—¡Mantengan el fuego y no disparen hasta que entre por completo en la zona iluminada! —ordenó Thornhill a gritos.
El enorme lobo negro comenzó a acercarse lentamente hacia el centro mismo del gran patio principal. Alma podía distinguir perfectamente su imponente silueta en medio de la luz plateada de la luna. Se movía con una agilidad pasmosa, como si fuera una sombra líquida.
Se detuvo en seco justo en el borde mismo del alcance de la luz de las antorchas encendidas. Sus intensos ojos dorados se fijaron de inmediato sobre la figura colgada de su madre Alma. Luego, desvió lentamente la mirada hacia la posición de James Thornhill.
La expresión que transmitían esos grandes ojos dorados era de un odio absoluto y puramente asesino.
—¡Fuego ahora mismo contra el maldito animal! —gritó Thornhill con todas las fuerzas de sus pulmones.
Los seis rifles de repetición se dispararon al mismo tiempo en medio del patio principal de la plantación. El sonido resultante de las detonaciones fue verdaderamente ensordecedor para todos los presentes allí. Una densa nube de humo blanco cubrió por completo el aire del lugar.
El lobo negro comenzó a moverse a una velocidad impresionante para una criatura de semejante tamaño físico. Esquivó hábilmente hacia el lado izquierdo los primeros proyectiles que iban dirigidos a su cuerpo. Tres de las balas impactaron directamente en la tierra del patio.
Otras dos balas lograron alcanzarlo de refilón en la parte del flanco izquierdo de su cuerpo. Una última bala le rozó peligrosamente la cabeza, pero a pesar de todo el daño recibido, no se detuvo. El animal cargó con una furia implacable directamente contra los hombres armados.
Los hombres intentaron desesperadamente recargar los rifles de repetición para realizar otra descarga de disparos. Sin embargo, se encontraban demasiado nerviosos y resultaron ser sumamente lentos en el proceso. El lobo impactó con fuerza brutal contra el primer hombre de la fila.
El individuo salió despedido violentamente hacia atrás por el aire debido al tremendo golpe recibido. Su rifle de largo alcance cayó al suelo haciendo un ruido metálico entre las piedras. El lobo se lanzó sobre su cuerpo desprotegido de forma inmediata y despiadada.
Sus afilados colmillos brillaron bajo la luz de la luna y la sangre humana comenzó a salpicar el patio. Los demás hombres comenzaron a disparar de forma totalmente desordenada y presa del pánico absoluto. Los proyectiles salían desviados hacia cualquier dirección de la plantación.
El animal se movía ágilmente entre ellos como si fuera un verdadero torbellino de pelaje negro y furia destructiva. Otro hombre armado cayó pesadamente al suelo herido de muerte, y luego un tercero corrió con la misma suerte. Los gritos de agonía pura llenaron por completo la noche de Alabama.
James Thornhill se dio la vuelta rápidamente y corrió desesperadamente hacia la seguridad de la casa principal. Logró alcanzar los peldaños de madera del porche de la entrada en su loca carrera por sobrevivir. Pero el enorme lobo negro le cortó el paso abruptamente antes de entrar.
Se encontraron finalmente frente a frente en medio de la noche estrellada, el hombre blanco y la bestia mística. Los labios del animal se retrajeron notablemente hacia atrás, mostrando sus enormes colmillos ensangrentados. Sus dientes se encontraban completamente teñidos de un color rojo intenso.
Thornhill levantó temblorosamente su rifle de largo alcance para intentar dispararle a quemarropa en la cara. Sus manos se encontraban temblando de una manera tan violenta que apenas lograba apuntar el arma de fuego. El lobo se abalanzó sobre él con una velocidad pasmosa.
Thornhill logró presionar el gatillo del rifle en el último segundo antes del fuerte impacto físico. La bala impactó de lleno directamente en el pecho del enorme animal negro en medio del porche. El lobo tropezó notablemente por el disparo recibido, cayó al suelo y se quedó inmóvil.
James Thornhill se echó a reír con una carcajada sumamente histérica y descontrolada por el porche.
—¡Te tengo, maldito monstruo! ¡He logrado matarte yo mismo con mis propias manos!
Caminó lentamente hacia donde se encontraba tendido el cuerpo del animal con el rifle apuntando a la cabeza. Quería asegurarse por completo de que la criatura estuviera muerta antes de cantar victoria definitiva. Quería darle el tiro de gracia en el cráneo de una vez.
De repente, los grandes ojos dorados del lobo se abrieron de par en par en medio de la luz. El animal saltó del suelo con una agilidad impresionante y renovada a pesar de la herida del pecho. Thornhill no tuvo el tiempo necesario para reaccionar o disparar de nuevo su arma.
Las enormes mandíbulas del lobo negro se cerraron con una fuerza brutal directamente alrededor de su garganta. Lo sacudió con una violencia desmedida en el aire, exactamente idéntico a como si fuera un muñeco de trapo viejo. Varios huesos del cuello se rompieron con un crujido espantoso en el porche.
La sangre comenzó a brotar a borbotones de la herida cubriendo las tablas de madera de la entrada. Thornhill emitió un sonido húmedo y puramente gutural antes de perder el conocimiento por completo. Su rifle de largo alcance cayó de sus manos inertes al suelo del patio.
Su cuerpo entero se volvió completamente flácido en las fauces de la bestia y dejó de moverse para siempre. El lobo soltó el cadáver sin vida del dueño del lugar con desprecio en el porche. El cuerpo impactó pesadamente contra el suelo de madera y permaneció inmóvil allí.
Alma había permanecido observando absolutamente todo el sangriento desarrollo de los acontecimientos desde su poste. No sintió ni el más mínimo rastro de horror o de miedo en su corazón ante la escena vivida. Lo único que experimentó en lo profundo de su ser fue un alivio inmenso.
La verdadera justicia divina finalmente había llegado a esta plantación maldita de una forma implacable. El enorme lobo negro se dio la vuelta lentamente hacia donde se encontraba ella colgada de las manos. Caminaba con una notable cojera debido a los impactos recibidos en el cuerpo.
Las heridas de bala que presentaba en su anatomía eran sumamente graves y sangraba de forma abundante. Se encontraba visiblemente debilitado por el esfuerzo de la pelea y la pérdida de fluido vital. Caminó lentamente a través del patio hacia el poste de los azotes.
Se detuvo exactamente enfrente de la anciana mujer que permanecía atada de las muñecas al tronco. Aquellos intensos ojos dorados se encontraron fijamente con la mirada cansada de Alma en medio de la noche.
—Regresaste por mí —susurró ella con lágrimas corriendo libremente por sus mejillas arrugadas—. Regresaste para salvarme la vida de estos hombres malvados.
El lobo emitió un sonido sumamente extraño desde su garganta en respuesta a sus tiernas palabras. Era una especie de mezcla entre un quejido de dolor y un gruñido suave de afecto familiar.
—Lo siento muchísimo, mi querido niño —dijo ella con un profundo sentimiento de culpa en el corazón—. Siento tanto no haber podido hacer nada para salvarte la vida hace quince años en este lugar. Siento tanto que te hayan matado de esa forma tan cruel.
El lobo presionó suavemente su enorme cabeza peluda directamente contra las piernas descalzas de la mujer. Ella pudo sentir perfectamente la calidez de su cuerpo herido y el ritmo pausado de su respiración.
—Ya puedes descansar en paz de una vez por todas, mi muchacho —le dijo ella con ternura—. Todo ha terminado finalmente aquí en las tierras de la plantación. Ese hombre malvado ya está muerto para siempre. Puedes marcharte a descansar.
El enorme lobo negro levantó la vista para mirarla fijamente a los ojos por una última vez en la vida. Luego, se dio la vuelta lentamente y comenzó a alejarse caminando con mucha dificultad del patio. Se dirigió de regreso de forma dolorosa hacia la espesura de los bosques cercanos.
Alma se limitó a observar fijamente cómo se alejaba su silueta en medio de la luz plateada.
—Adiós, mi querido hijo —alcanzó a decir en un susurro cargado de dolor—. Adiós para siempre, Thomas.
El lobo negro se desvaneció por completo en medio de la profunda oscuridad de los árboles del bosque. Ella jamás volvió a ver su imponente figura por los alrededores de la plantación en los años siguientes. Todo el lugar se sumió en un silencio absoluto y verdaderamente sepulcral a esa hora de la noche.
Varios cuerpos sin vida se encontraban esparcidos por el suelo de tierra del gran patio principal. La sangre de los hombres se filtraba lentamente en la tierra sedienta de la propiedad del amo. Las antorchas encendidas comenzaron a parpadear cansadas y se fueron apagando una a una en el patio.
Alma continuaba colgada de forma dolorosa del grueso poste de madera de los azotes en medio del lugar. Su visión comenzó a volverse sumamente borrosa y confusa debido a la extrema debilidad física que padecía. Su cuerpo entero se estaba apagando de manera definitiva y sin retorno posible.
Ya no le quedaba absolutamente nada de fuerzas para continuar luchando por mantenerse con vida en el mundo. Sin embargo, una hermosa sonrisa se dibujó claramente en sus labios resecos en medio de la penumbra de la noche. Sonreía porque sabía perfectamente que James Thornhill estaba muerto para siempre.
Sonreía porque sabía que toda la inmensa plantación caería finalmente en el olvido absoluto de los hombres. Sonreía porque, después de sesenta y tres largos años de abusos continuos, algo realmente había cambiado en estas tierras. El sonido de pasos rápidos aproximándose llamó su atención en medio del silencio reinante.
Ruth venía corriendo desesperadamente hacia donde se encontraba colgada del poste de madera en el centro. Otras personas que habían sido esclavizadas la seguían de cerca con antorchas y herramientas en las manos. Todos ellos habían estado observando absolutamente todo lo ocurrido desde las chozas de madera.
—¡Córtenle las cuerdas de las muñecas rápido ahora mismo! —ordenó Ruth con una gran desesperación en la voz.
Varias manos solidarias se estiraron hacia arriba de inmediato para ayudar a la anciana mujer en su sufrimiento. Las gruesas cuerdas de cáñamo fueron cortadas rápidamente utilizando cuchillos afilados de la cocina de la casa principal. El frágil cuerpo de Alma cayó pesadamente hacia el suelo del patio.
Ruth logró sostenerla hábilmente entre sus brazos antes de que impactara duramente contra la tierra húmeda. La recostó con un cuidado infinito directamente sobre el suelo del patio principal de la propiedad.
—Vas a ponerte bien muy pronto, Alma —dijo Ruth con lágrimas en los ojos, intentando animarla en su dolor.
Pero ambas mujeres sabían perfectamente bien en su interior que eso era una completa mentira piadosa. Alma se estaba muriendo de forma inevitable en medio del patio de la plantación de algodón. Su anciano cuerpo había sido empujado mucho más allá de todos los límites físicos humanos tolerables.
Tres largos días enteros pasando hambre y sed en un sótano húmedo, golpeada salvajemente y colgada de un poste. Le quedaban escasos minutos de vida en este mundo terrenal, o tal vez incluso menos tiempo que eso.
—El lobo negro —alcanzó a susurrar Alma con un hilo de voz sumamente débil y entrecortado—. ¿Acaso lograron verlo ustedes también desde los barracones?
—Sí, Alma, todos nosotros lo vimos perfectamente con nuestros propios ojos —respondió Ruth, asintiendo con la cabeza continuamente.
—Ese hermoso animal era mi querido hijo Thomas que regresó del más allá por mí.
Ruth asintió con la cabeza una vez más, sin querer contradecir en absoluto las palabras de la anciana moribunda.
—Lo sé muy bien, Alma. Todos nosotros lo sabemos perfectamente ahora en la plantación.
La respiración de Alma comenzó a volverse extremadamente superficial y dificultosa en medio del patio principal.
—¿Qué va a pasar con todos ustedes ahora que el amo ya no está en este mundo? —preguntó con preocupación.
—Ahora somos finalmente libres de nuestras cadenas, Alma. El amo Thornhill está muerto para siempre y sus capataces también han fallecido esta noche. Podemos marcharnos de este lugar maldito en cuanto queramos.
—¿A dónde piensan dirigirse todos ustedes en su camino hacia la libertad? ¿Acaso irán hacia las tierras del norte?
—Iremos a cualquier lugar que se encuentre lejos de aquí, Alma. Realmente no importa la dirección exacta en estos momentos. Lo único que verdaderamente importa es que seremos personas libres de una vez por todas en nuestras vidas.
Alma esbozó una última y hermosa sonrisa de completa satisfacción en su rostro cansado.
—Eso es sumamente bueno para todos ustedes. Me alegro mucho de corazón por su libertad.
Sus ojos se cerraron lentamente por última vez en medio del patio de la plantación de algodón. Su respiración dificultosa se detuvo por completo de un momento a otro en los brazos de su amiga. Todo su cuerpo herido se relajó totalmente sobre la tierra húmeda del lugar colonial.
Alma finalmente había logrado alcanzar su propia libertad eterna de las cadenas humanas en ese preciso instante. Ruth sostuvo con fuerza el cuerpo sin vida de la anciana durante un tiempo sumamente largo en el patio. Las demás personas que habían sido esclavizadas se reunieron en silencio a su alrededor.
Eran diecisiete almas en total las que se encontraban allí reunidas bajo el cielo nocturno de Alabama. Personas que habían vivido toda su existencia encadenadas al servicio de una familia cruel y despiadada de terratenientes. Individuos que habían visto con dolor cómo destruían a sus familias enteras.
Seres humanos que habían logrado sobrevivir a base de pura resistencia ante la crueldad constante y el terror absoluto. Ahora permanecían de pie en el más absoluto silencio en medio del gran patio principal de la propiedad. Los únicos sonidos que se escuchaban eran el suave viento de la noche y el crepitar de las antorchas.
—¿Qué se supone que debemos hacer ahora con todo esto? —preguntó un hombre joven desde la oscuridad del grupo.
Ruth levantó lentamente la vista para mirarlo directamente a la cara en medio del patio iluminado. Su rostro se encontraba completamente empapado en lágrimas de dolor, pero sus ojos lucían sumamente duros y decididos.
—En primer lugar, vamos a proceder a enterrar de forma respetuosa a nuestra querida muerta aquí en las tierras —respondió con firmeza—. Y luego, vamos a quemar absolutamente toda esta maldita plantación hasta que quede reducida a cenizas.
Todos trabajaron de manera incansable durante el resto de esa larga noche en la propiedad del amo. Cavaron una fosa profunda para Alma justo detrás de los barracones de madera donde había vivido. Era una tumba sumamente profunda y realizada con el más absoluto respeto por su memoria.
Envolvieron con cuidado su frágil cuerpo sin vida en la mejor manta que lograron encontrar en las habitaciones. La depositaron suavemente en su lugar de descanso eterno justo en el momento en que el sol comenzaba a salir. Ruth pronunció unas sentidas palabras de despedida sobre la tumba de la anciana mujer.
Ella no era una predicadora oficial ni mucho menos, pero conocía bastante bien varios pasajes de la Biblia. El Señor es mi pastor, nada me faltará en esta vida terrenal. En lugares de delicados pastos me hará descansar por siempre.
Junto a aguas de reposo me pastoreará de forma continua en mi camino. Confortará mi alma de todo el dolor sufrido en el mundo de los vivos. Me guiará por sendas de justicia por amor de su santo nombre.
Las demás personas presentes repitieron solemnemente cada una de las palabras pronunciadas sobre la fosa de tierra. Algunos de ellos lloraban amargamente por la pérdida de la anciana que tanto había sufrido en las tierras. Otros permanecían completamente callados, mostrando un profundo respeto en el lugar de descanso.
Absolutamente todos los allí reunidos conocían a la perfección todo lo que Alma había tenido que soportar. Sabían el dolor inmenso que había cargado en su corazón debido a la pérdida de sus hijos queridos. Entendían la fuerza necesaria que había tenido que poseer para lograr sobrevivir a tanta crueldad.
Cuando terminaron por completo con el entierro respetuoso de la mujer, se dieron la vuelta para mirar la propiedad. Observaron fijamente la majestuosa casa principal con sus imponentes columnas de color blanco que tanto orgullo daban al amo. Miraron el granero principal, los inmensos campos de algodón que se extendían y el temido poste de los azotes.
El tronco de madera continuaba permaneciendo firmemente plantado en el centro mismo del gran patio principal de la propiedad.
—Es hora de quemarlo absolutamente todo de una vez por todas —ordenó Ruth con un tono de voz sumamente firme y decidido.
Todos se dispersaron rápidamente por los alrededores de toda la inmensa propiedad del fallecido dueño de esclavos. Tomaron varias de las antorchas encendidas que tenían en las manos y comenzaron a prenderle fuego a los edificios. Iniciaron incendios de forma simultánea en cada una de las estructuras de madera de la plantación entera.
Las chozas de los esclavos fueron las únicas edificaciones que decidieron dejar intactas por el momento en el lugar. Esas pequeñas estructuras rústicas las necesitarían para pasar una última noche cobijados antes de emprender el largo viaje. Absolutamente todo lo demás comenzó a arder con una fuerza verdaderamente impresionante bajo el cielo matutino de Alabama.
La gran casa principal de la familia Thornhill comenzó a incendiarse de una manera sumamente rápida y violenta. La madera con la que estaba construida la edificación era bastante vieja y se encontraba completamente seca por los años. Las llamas subieron rápidamente por las majestuosas paredes devorando todo a su paso en segundos.
Los cristales de las ventanas comenzaron a explotar ruidosamente uno tras otro debido al intenso calor generado por el fuego. El pesado techo de madera terminó colapsando hacia el interior de la estructura con un rugido verdaderamente ensordecedor para todos. El granero principal fue la siguiente edificación en comenzar a arder con una fuerza incontrolable en el patio.
Luego continuaron los almacenes de herramientas, las máquinas desmotadoras de algodón y las cómodas casas de madera de los capataces. El fuego devoraba absolutamente todo lo que encontraba a su paso en la plantación entera de forma despiadada. Una inmensa columna de denso humo negro comenzó a elevarse majestuosamente hacia el despejado cielo de la mañana.
Las personas que habían sido esclavizadas permanecían de pie observando fijamente el impresionante espectáculo del incendio total. Algunos de ellos esbozaban hermosas sonrisas de completa satisfacción y alegría en sus rostros cansados por los años. Otros simplemente se reían a carcajadas de felicidad por ver el final de su prisión terrenal en las tierras.
Varios de ellos se limitaban a contemplar la escena con una mirada de total incredulidad ante los eventos vividos. El cadáver sin vida de James Thornhill todavía permanecía tirado en el suelo de madera del porche de entrada. Absolutamente nadie se acercó a tocarlo o a intentar moverlo de ese lugar en medio del fuego.
—Dejen que se queme por completo junto con toda su maldita plantación de algodón —dijo un hombre con desprecio en la voz.
—Que se convierta en pura ceniza junto con todo lo que construyó a base de nuestro sufrimiento y dolor constante en la vida.
Para cuando llegó el mediodía en la zona, la fuerza de los incendios había comenzado a disminuir notablemente. Únicamente quedaban las ruinas completamente carbonizadas y humeantes de lo que alguna vez había sido la propiedad Thornhill. Toda la inmensa y temida plantación de algodón había desaparecido por completo de la faz de la tierra de forma definitiva.
Había sido borrada absolutamente del mapa de Alabama por el fuego liberador de las personas que sufrieron allí dentro. Ya no quedaba absolutamente nada en ese lugar maldito, excepto los dolorosos recuerdos familiares y los fantasmas del pasado.
—Deberíamos marcharnos de aquí lo antes posible —sugirió uno de los hombres jóvenes del grupo con nerviosismo en la voz.
—Es muy probable que otros hombres blancos del pueblo decidan venir pronto a investigar el origen de este inmenso humo negro.
Ruth asintió firmemente con la cabeza, completamente de acuerdo con la sabia sugerencia del joven trabajador de los campos.
—Reúnan de inmediato absolutamente todo lo que sean capaces de cargar en sus manos para el viaje de escape —ordenó en voz alta.
—Busquen toda la comida disponible que haya quedado intacta, agua fresca para los caminos y todas las mantas posibles para pasar las noches. Nos marchamos definitivamente de este lugar maldito en menos de una hora con todos.
Todos comenzaron a moverse con una rapidez impresionante por los alrededores de las ruinas humeantes de la plantación entera. Habían estado esperando pacientemente durante toda su larga existencia terrenal por la llegada de este preciso momento de libertad. No iban a desperdiciar ni un solo segundo de su tiempo en quedarse allí parados mirando las cenizas.
Pero justo antes de emprender la marcha definitiva por los caminos, Ruth decidió realizar una última acción sumamente personal. Se dirigió lentamente hacia el lugar donde se encontraba la tumba recién hecha de su querida amiga Alma detrás de las chozas. Se arrodilló pacientemente en el suelo húmedo al lado del montículo de tierra fresca que cubría el cuerpo.
Colocó con mucha ternura su mano derecha directamente sobre la tierra sucia de la fosa recién cavada en el suelo.
—Muchísimas gracias por todo lo que hiciste por nosotros, querida Alma —susurró con una voz sumamente baja cargada de emoción.
—Gracias por haber resistido con tantas fuerzas hasta el final de las cosas, gracias por darnos esta maravillosa oportunidad de libertad.
Un fuerte viento comenzó a soplar repentinamente por los alrededores de toda la plantación destruida en medio de la tarde. Se movía perezosamente a través de los campos de algodón marchitos que ya nunca más volverían a ser trabajados por manos esclavas. El viento cargaba consigo el penetrante olor a humo y a ceniza de las estructuras de madera que se habían quemado.
Y justo en ese preciso instante de silencio, Ruth pensó haber escuchado algo sumamente extraño y místico en la distancia del bosque. Creyó oír con total claridad un eco lejano de un aullido de lobo que se desvanecía lentamente entre los árboles lejanos. Sonaba exactamente idéntico a como si fuera una última y definitiva despedida de su querido amigo Thomas desde el más allá.
Se puso de pie con lentitud en el suelo, se limpió las lágrimas de los ojos con el gastado vestido de algodón. Caminó decididamente de regreso hacia donde se encontraba reunido el resto del grupo esperándola para iniciar la marcha. Abandonaron por completo la propiedad Thornhill juntos como una verdadera familia unida por el dolor y la libertad recuperada.
Eran diecisiete personas en total las que comenzaron a caminar firmemente por el polvoriento camino de tierra de la plantación entera. Era el mismo camino que jamás se les había permitido transitar libremente bajo ninguna circunstancia por orden de los amos blancos. Era el hermoso camino que los llevaría directamente hacia su tan ansiada y merecida libertad humana en el mundo.
Algunos de los integrantes del grupo decidieron dirigirse firmemente hacia las tierras prometidas del norte del país en busca de oportunidades. Otros prefirieron encaminarse hacia la zona este del territorio para intentar comenzar una nueva vida desde cero con sus familias. Decidieron dividirse estratégicamente en pequeños grupos de personas para continuar con el largo viaje de escape por los caminos.
Resultaba ser una forma muchísimo más segura de viajar en esa época tan complicada para las personas de color en el sur. De esa manera sería bastante más difícil para las autoridades locales rastrear sus huellas o intentar capturarlos nuevamente en los caminos. Ruth se encargó de liderar personalmente a un pequeño grupo compuesto por siete personas en total en su viaje.
Caminaron de forma ininterrumpida durante tres largos días enteros por los senderos apartados de los bosques de la región entera. Dormían por las noches guarecidos entre la espesura de los árboles para evitar ser descubiertos por los patrulleros locales en los pueblos. Evitaban pasar cerca de los pueblos grandes de hombres blancos para no levantar sospechas de ningún tipo en el camino.
Bebían agua fresca directamente de los pequeños arroyos que encontraban a su paso por la espesura de los bosques de Alabama. Comían pacientemente las escasas porciones de alimento que habían logrado rescatar de la plantación antes de prenderle fuego a las estructuras. Finalmente, al cuarto día de caminata constante, lograron llegar con éxito a un pequeño asentamiento de personas de color.
Consistía en una pequeña comunidad que había sido fundada enteramente por personas que anteriormente habían sido esclavizadas en la región. Era un pueblo sumamente pequeño y bastante pobre en recursos materiales, pero todos los habitantes eran completamente libres allí dentro. Fueron recibidos con los brazos abiertos por los pobladores locales, quienes les brindaron refugio seguro, comida caliente y esperanza.
Ruth logró encontrar rápidamente un trabajo digno como cocinera en una de las casas del pequeño asentamiento de la zona. Los demás integrantes de su grupo consiguieron empleos estables trabajando en los campos de cultivo que ahora les pertenecían legalmente a ellos. Los niños pequeños de la comunidad tuvieron la maravillosa oportunidad de asistir a la escuela por primera vez en sus vidas enteras.
Las personas adultas comenzaron a aprender finalmente a leer y a escribir de forma correcta gracias a las clases nocturnas del pueblo. Aprendieron a tener sus propios sueños de superación y a planificar un futuro mejor para cada uno de sus hijos queridos. Los años transcurrieron de una manera sumamente rápida en medio de la tranquilidad del pequeño asentamiento libre de Alabama.
La increíble historia de todo lo ocurrido en la plantación Thornhill comenzó a extenderse rápidamente por toda la región del sur. Las personas de diferentes lugares escuchaban con asombro los relatos sobre el enorme e implacable lobo negro de ojos dorados brillantes. Escuchaban hablar sobre la anciana mujer que había sido atada injustamente al poste de los azotes por el amo furioso.
Oían los relatos sobre el inmenso incendio liberador que había consumido por completo absolutamente toda la propiedad de la familia blanca. Algunos de los que escuchaban decían firmemente que se había tratado de una verdadera muestra de justicia divina en la tierra. Otros preferían asegurar que aquello había sido simplemente un brutal asesinato masivo a sangre fría cometido por los negros del lugar.
Había quienes preferían pensar que en realidad se había tratado de una combinación perfecta de ambas cosas dadas en esa noche. Ruth envejeció pacientemente en medio de la tranquilidad de ese asentamiento de personas libres en el transcurso de los años. Logró contraer matrimonio con un buen hombre de la comunidad, tuvo varios hijos propios y vivió lo suficiente para verlos crecer.
Vio con orgullo a sus hijos convertirse en personas completamente libres y dueñas de sus propios destinos en este mundo terrenal. Eso era algo maravilloso que su propia madre jamás había tenido la oportunidad de presenciar en toda su sufrida existencia humana. Era algo hermoso que la querida Alma nunca pudo ver con sus propios ojos antes de fallecer en el patio.
Sin embargo, a pesar del paso del tiempo y de los años transcurridos, Ruth jamás olvidó absolutamente nada de lo vivido allí. Se encargó personalmente de contarle detalladamente la increíble historia a cada uno de sus hijos pequeños durante las noches frías. Y ellos se encargaron de transmitírsela fielmente a sus propios hijos en el transcurso de las siguientes generaciones familiares.
Era la impactante historia de la valentía de Alma, la historia del regreso de Thomas y la leyenda del enorme lobo negro. Y algunas veces, durante las noches más tranquilas y silenciosas en que la luna se encontraba completamente llena en el cielo, la gente del asentamiento aseguraba escuchar algo. Decían oír con total claridad un profundo y melancólico aullido de lobo que resonaba con fuerza en la lejanía de los bosques.
Era un sonido sumamente profundo, triste y al mismo tiempo extrañamente protector para todos los habitantes de la comunidad negra. Los pobladores aseguraban con total firmeza que se trataba de Thomas que continuaba vigilando atentamente desde la densa oscuridad de los árboles. Decían que seguía protegiendo a su gente y asegurándose de que nadie en este mundo olvidara jamás lo ocurrido en la plantación.
Se aseguraba de que nadie olvidara el inmenso precio que se había tenido que pagar para lograr alcanzar la tan ansiada libertad. Veinte años después de que ocurriera el gran incendio devastador de la propiedad, un joven periodista del norte llegó al pueblo. Se encontraba realizando una extensa investigación para escribir un libro histórico sobre la terrible época de la esclavitud en el sur.
Quería hablar sobre el complicado proceso de la Reconstrucción del país y sobre la violencia continua que sufrían las personas de color. Decidió entrevistar personalmente a Ruth debido a que ella había sido una testigo directa de los eventos ocurridos en la plantación. Ella tenía ya sesenta años de edad para ese entonces, lucía un cabello completamente gris y profundas arrugas en el rostro.
Sin embargo, a pesar de su avanzada edad, su mente se mantenía sumamente aguda y sus recuerdos permanecían totalmente claros en ella.
—Cuénteme detalladamente todo lo que recuerde sobre la plantación Thornhill —le pidió el joven periodista sentándose frente a ella con un cuaderno.
Ruth se encontraba sentada tranquilamente en el interior de su pequeña y humilde casa de madera en medio del asentamiento libre. Un agradable fuego ardía pacientemente en el interior del hogar de piedra, brindando calidez a la habitación en la tarde. Ella se limitó a mirar fijamente las danzantes llamas del fuego mientras comenzaba a hablar con una voz sumamente calmada.
—Ese lugar era un verdadero infierno terrenal para todos nosotros —dijo de manera simple y sin adornar las palabras con rodeos—. Un lugar maldito donde las personas eran obligadas a trabajar literalmente hasta caer muertas de cansancio en medio de los inmensos campos de algodón. Un sitio espantoso donde los niños pequeños eran arrancados sin ninguna piedad de los brazos de sus madres para ser vendidos en el pueblo. Un lugar donde el simple hecho de pedir un poco de compasión significaba recibir una paliza brutal de inmediato por los capataces.
—¿Y qué me dice sobre el gran incendio y las misteriosas muertes ocurridas esa noche en la propiedad de la familia?
—James Thornhill era un verdadero monstruo humano en toda la extensión de la palabra —respondió ella con una gran seriedad en el rostro—. Nos mantuvo viviendo encadenados y bajo su control absoluto mucho tiempo después de que las leyes del país dijeran claramente que éramos libres. Nos golpeaba continuamente por cualquier motivo, nos mataba de hambre en las chozas y nos asesinaba si intentábamos escapar de las tierras. Todo lo que le ocurrió esa noche en el porche de su casa fue exactamente lo que se merecía por sus crueldades.
—Algunas personas de los alrededores aseguran que un enorme lobo negro lo mató a él y a varios de sus hombres armados.
Ruth esbozó una pequeña y misteriosa sonrisa en sus labios antes de responder a la afirmación directa del joven escritor.
—La gente de los pueblos suele decir una gran cantidad de cosas extrañas cuando no comprenden del todo los acontecimientos sucedidos en un lugar.
—Pero usted se encontraba allí presente esa noche en el patio principal de la propiedad, usted misma vio todo lo que ocurrió. ¿Qué fue lo que realmente sucedió con ese animal?
Ruth permaneció en el más absoluto silencio durante un largo rato, mirando fijamente las brasas ardientes del fuego de la habitación. Luego, comenzó a hablar nuevamente con un tono de voz sumamente suave y pausado que cautivó por completo la atención del hombre.
—Vivía con nosotros una anciana mujer de color llamada Alma, quien había tenido un único hijo sobreviviente llamado Thomas en la plantación —comenzó a relatar—. Thomas era un muchacho sumamente inteligente, demasiado inteligente para la seguridad de los dueños de las tierras coloniales de esa época. A la familia Thornhill no le agradaba en lo más mínimo que un negro supiera leer y pensar por sí mismo, así que decidieron asesinarlo en secreto. Hicieron que todo pareciera como si el muchacho simplemente hubiera escapado corriendo de la propiedad hacia las tierras del norte del país. Pero Alma sabía perfectamente la verdad de las cosas en su corazón, porque las madres siempre saben la verdad sobre el destino de sus hijos. Y Thomas regresó del más allá para estar con ella, pero no lo hizo con la forma física de un hombre común y corriente. Regresó transformado en algo completamente diferente, en una criatura sumamente salvaje, poderosa y totalmente libre de las cadenas de los hombres blancos. Regresó con el único propósito de proteger a su anciana madre de los abusos continuos y de castigar severamente a las personas que le habían quitado la vida en el granero.
—¿Me está intentando decir de verdad que ese enorme lobo negro de la historia era en realidad el espíritu del joven Thomas? ¿Eso es lo que usted cree firmemente en su corazón?
—Lo que le estoy intentando decir es que la verdadera justicia divina de este mundo se manifiesta de muchas formas diferentes ante los hombres —respondió ella mirándolo fijamente—. A veces viene de la mano de los tribunales oficiales, de los jueces del gobierno y de las leyes escritas en los papeles. Pero otras veces, cuando todo eso falla miserablemente para los pobres, la justicia proviene directamente de las entrañas de la tierra misma. Viene impulsada por los espíritus de todas aquellas personas que fueron injustamente dañadas y asesinadas en este mundo cruel por los poderosos.
El joven periodista procedió a escribir minuciosamente absolutamente cada una de las palabras pronunciadas por la mujer en sus notas de trabajo. Sin embargo, curiosamente decidió no incluir esta reveladora parte del relato en la versión final de su libro histórico sobre la esclavitud. Pensaba que los lectores del norte creerían que se había vuelto completamente loco de remate al incluir una historia semejante en su obra.
Pensaba que dirían que la anciana Ruth era simplemente una mujer ignorante y loca que inventaba fábulas místicas sobre los negros del sur. Pero a pesar de no incluirlo en el libro, conservó celosamente todas aquellas notas personales en un cajón de su escritorio de trabajo. Y muchísimos años más tarde, largo tiempo después de su fallecimiento en el norte, su nieto político encontró los papeles guardados.
El nieto también resultó ser un escritor profesional sumamente curioso y decidió investigar a fondo la veracidad de aquellos antiguos relatos familiares. Viajó directamente hacia la ciudad de Montgomery en Alabama para revisar detalladamente todos los archivos históricos de la época de la Reconstrucción. Buscó en los viejos registros municipales de propiedad y logró encontrar varias menciones oficiales sobre la existencia de la plantación Thornhill.
Encontró algunos artículos de periódicos antiguos que hablaban brevemente sobre el gran incendio devastador de la propiedad y sobre las extrañas muertes. También logró dar con algo completamente inesperado que llamó poderosamente su atención durante su exhaustiva búsqueda en los archivos del estado. Encontró numerosos informes escritos realizados por cazadores locales, por viajeros frecuentes de la zona y por personas que habitaban cerca de las tierras.
Eran constantes informes que hablaban sobre la presencia avistada de un enorme e imponente lobo negro que poseía unos brillantes ojos de color dorado. Había sido visto de forma continua a lo largo de varias décadas seguidas por los alrededores de los antiguos campos de algodón. Se le describía protegiendo activamente a las personas que anteriormente habían sido esclavizadas de sufrir ataques violentos por parte de bandas delictivas.
Se informaba que el animal atacaba con una furia implacable a aquellos hombres blancos que solían vestir túnicas y capuchas de color blanco. Había sido visto frecuentemente merodeando cerca de los temidos árboles donde se realizaban linchamientos ilegales de personas de color en la región. El lobo se quedaba allí parado en la oscuridad aullando de forma melancólica durante toda la noche entera en medio del bosque.
Permanecía allí hasta que algún alma caritativa se armaba de valor y se acercaba al lugar para cortar las cuerdas de los cuerpos colgados. El imponente lobo negro había continuado siendo visto por los lugareños durante más de cincuenta largos años después de la muerte de Thomas. Eso superaba con creces la expectativa de vida natural de cualquier lobo normal de este mundo, lo cual resultaba ser algo sorprendente.
El nieto del periodista decidió escribir su propio libro independiente basado enteramente en todos aquellos sorprendentes informes históricos encontrados en Alabama. Decidió titular a su obra literaria como El lobo espiritual de Alabama para presentarla formalmente ante el público lector del país. En el libro se relataba detalladamente la conmovedora historia de Alma y de su querido hijo Thomas en medio de la esclavitud de la plantación.
Se hablaba sobre las crueldades del amo James Thornhill, sobre el gran incendio liberador y sobre esa justicia profunda que no provenía de los hombres. Muchas personas del norte calificaron de inmediato a la obra literaria como una simple historia de ficción muy bien construida por el autor. Otros prefirieron clasificar el relato como parte del rico folclor popular místico de las comunidades negras del sur del territorio nacional.
Sin embargo, las personas que anteriormente habían sido esclavizadas y todos sus descendientes directos sabían perfectamente que la historia era real. Ellos sabían en lo más profundo de sus seres que absolutamente todo lo relatado en el libro era la más pura verdad histórica vivida. Sabían eso porque ellos mismos poseían sus propias historias familiares similares que habían sido transmitidas con orgullo a lo largo de las generaciones.
Eran relatos íntimos que hablaban sobre milagrosas muestras de protección espiritual en los caminos, sobre terribles actos de venganza justa contra los opresores. Historias sobre espíritus africanos ancestrales que se negaban rotundamente a descansar en paz en el más allá hasta que las injusticias fueran corregidas. Los restos carbonizados de la plantación Thornhill todavía continúan existiendo en la actualidad en medio del denso paisaje boscoso de Alabama.
Se encuentran en su gran mayoría completamente enterrados bajo la tierra y cubiertos por una abundante vegetación salvaje de árboles y arbustos silvestres. Pero si una persona conoce la ubicación exacta y sabe buscar con paciencia entre la maleza del bosque, puede encontrarlos con facilidad. Aún se pueden distinguir los antiguos cimientos de piedra de lo que alguna vez fue la majestuosa casa principal de la familia blanca.
Se pueden observar pequeños restos de madera podrida pertenecientes a los barracones donde vivían amontonadas las personas esclavizadas en medio del dolor constante. Y el temido poste de los azotes todavía continúa permaneciendo en el centro del lugar, aunque ahora se encuentra caído y muy descompuesto. La tumba recién hecha de Alma también continúa estando perfectamente marcada en la parte trasera de las ruinas de los viejos barracones de madera.
Algunas personas de la zona se acercan a visitar el lugar de descanso de la anciana mujer de vez en cuando en la actualidad. Le dejan hermosas flores silvestres recién cortadas sobre la tierra, colocan pequeñas piedras lisas en señal de profundo respeto a su memoria. Dejan pequeñas notas escritas agradeciéndole de corazón por todo su inmenso sacrificio personal, por su gran fortaleza espiritual y por resistir con valentía.
Los historiadores locales de la región aseguran con total firmeza que toda esa inmensa extensión de tierra se encuentra completamente maldita por el pasado. Afirman que absolutamente nada de lo que se siembra en ese lugar logra crecer de manera adecuada o fructificar en los campos de cultivo. Aseguran que los animales salvajes del bosque evitan pasar por los alrededores de las ruinas y que las personas que intentan construir fracasan.
Incontables accidentes extraños ocurren continuamente en el lugar, las estructuras nuevas colapsan sin motivo aparente y los trabajadores contratados renuncian a los pocos días. Algunos dicen firmemente que el suelo de la plantación se encuentra completamente envenenado por la abundancia de ceniza y de sangre humana derramada. Otros prefieren asegurar que se trata de una fuerza mística superior que se niega rotundamente a permitir que la tierra sea usada para obtener ganancias.
Y a veces, incluso en la actualidad, las personas que transitan cerca de la zona aseguran escuchar claramente profundos aullidos de lobo en la noche. Los guardabosques que realizan sus labores de vigilancia en el área de los antiguos campos afirman haber escuchado los lamentos entre los árboles. Los excursionistas que pasan acampando cerca de las ruinas y los cazadores que se aventuran demasiado aseguran sentir una extraña y poderosa presencia mística.
Sienten una especie de advertencia silenciosa en el aire de la noche y una promesa profunda de que el pasado no será olvidado jamás. El enorme lobo negro continúa estando allí presente en medio de los bosques, el espíritu de Thomas sigue vigilando atentamente las tierras. Permanece allí esperando pacientemente y asegurándose de que absolutamente todo lo ocurrido en esa plantación maldita no se borre de la memoria humana.
Se asegura con su presencia mística de que la justicia que una vez fue reclamada con tanta sangre no sea arrebatada jamás por los hombres. La moraleja que se desprende de esta impactante historia familiar no es algo sumamente sencillo de comprender para las personas del mundo. Realmente no puede ser una lección simple debido a que la historia de la humanidad no es sencilla en absoluto en sus procesos.
El sufrimiento humano no es simple de asimilar, y la verdadera justicia mística tampoco resulta ser algo fácil de explicar con palabras comunes. Pero si existe una lección fundamental que todos nosotros deberíamos aprender de estos acontecimientos vividos en la plantación, es esta sin duda. La opresión desmedida crea espíritus indomables que son completamente imposibles de asesinar o de destruir por completo por parte de los hombres poderosos.
La crueldad constante genera poderosas fuerzas místicas que resultan ser totalmente incontrolables para los mismos individuos que las provocaron con sus malos actos. La violencia física desatada crea una justicia profunda que suele manifestarse de formas que los mismos opresores jamás llegarían a esperar en sus vidas. James Thornhill creía firmemente en su fuero interno que era un hombre completamente intocable y superior debido a su inmensa riqueza material en Alabama.
Pensaba que el color de su piel blanca y su privilegiada posición social le otorgaban el derecho absoluto de tratar a personas como propiedades. Creía que podía golpearlos salvajemente en el patio, matarlos de hambre en las chozas y asesinarlos en el granero sin recibir castigo. Estaba completamente equivocado en sus pensamientos arrogantes, y esa misma equivocación tan grave terminó arrebatándole la vida de una forma violenta en el porche.
Alma llegó a creer en algún momento de su dolorosa existencia que todo su inmenso sufrimiento diario no poseía ningún tipo de sentido lógico. Pensaba con amargura que su querido hijo Thomas había muerto en vano en el granero y que absolutamente nada cambiaría jamás en la plantación. Ella también se encontraba notablemente equivocada en sus tristes pensamientos de madre, porque su sufrimiento sí poseía un significado muy profundo en la historia.
Su increíble capacidad de supervivencia ante la adversidad extrema se convirtió en la base sólida sobre la cual los demás construyeron su libertad. Su resistencia silenciosa sirvió de inspiración directa para que las diecisiete almas de la plantación decidieran rebelarse y comenzar una nueva vida libre. Y el joven Thomas llegó a pensar en el momento de su violento asesinato que la muerte física significaba el final de su historia.
Él resultó ser el individuo que más equivocado se encontraba de todos los personajes de esta historia familiar en la plantación de algodón. La muerte física definitivamente no significó el final de sus días en este mundo terrenal, sino más bien una asombrosa transformación espiritual. Se convirtió en una criatura mística que era completamente imposible de encadenar con eslabones de hierro por parte de los hombres blancos.
Se transformó en un ser que no podía ser comprado con dinero de los amos ni controlado de ninguna manera por las patrullas nocturnas. Se convirtió exactamente en esa justicia profunda que su propio pueblo sufriente no era capaz de obtener a través de las leyes humanas. Pasó a ser el protector necesario de los desamparados y permaneció en este mundo terrenal hasta que su sagrado propósito estuvo completamente cumplido.
Ruth falleció pacientemente en el año de 1912, a la avanzada edad de ochenta y tres años en medio de su hogar libre. Murió rodeada del inmenso amor de todos sus hijos queridos, de sus numerosos nietos pequeños y de sus adorados bisnietos en el asentamiento. Eran todas ellas personas completamente libres del yugo de la esclavitud, individuos educados en las escuelas que poseían sus propias tierras de cultivo.
Eran ciudadanos dignos que tenían sus propios negocios comerciales establecidos y un futuro sumamente brillante y prometedor por delante en el país norteamericano. Durante la realización de sus honras fúnebres en la comunidad, su nieto mayor se encargó de pronunciar un emotivo discurso ante los presentes. Decidió relatar detalladamente ante toda la concurrencia la increíble historia ocurrida en la antigua plantación Thornhill hacía ya muchos años atrás.
Habló con orgullo sobre la valentía de Alma, sobre el trágico destino de Thomas y sobre la impactante leyenda del enorme lobo negro. Decidió contar el relato con el único propósito de que las generaciones más jóvenes de la familia conocieran a fondo su pasado. Quería que recordaran siempre el inmenso costo humano que se había tenido que pagar para que ellos pudieran disfrutar de la libertad actual.
Cuando el joven terminó por completo de pronunciar sus emotivas palabras de despedida, un silencio absoluto se apoderó de todo el lugar del entierro. Fue entonces cuando, desde algún punto sumamente distante en medio de la espesura de los bosques cercanos, un fuerte aullido se elevó. Era un sonido largo, melancólico y con un tono de profunda finalidad que recorrió todo el aire de la tarde en el asentamiento.
Todas las personas presentes en el cementerio de la comunidad se miraron fijamente las unas a las otras con expresiones de asombro y emoción. Algunos de los ancianos esbozaron hermosas sonrisas de completa comprensión en sus rostros cansados, mientras que otros simplemente asentían con la cabeza. Absolutamente todos los allí reunidos sabían a la perfección el verdadero significado de aquel misterioso aullido de lobo en medio de los árboles.
Sabían que Thomas había estado escuchando con atención cada una de las palabras pronunciadas y que aprobaba por completo el homenaje de la familia. El eco del profundo aullido comenzó a desvanecerse lentamente en el aire de la tarde hasta desaparecer por completo en el bosque. Las honras fúnebres de Ruth continuaron desarrollándose de una manera sumamente pacífica y respetuosa por parte de todos los miembros de la comunidad.
Los asistentes comenzaron a entonar hermosos himnos religiosos de agradecimiento a Dios, realizaron sentidas oraciones comunitarias y celebraron en grande una existencia bien vivida. Mientras tanto, en algún rincón sumamente apartado y recóndito de los inmensos bosques del estado de Alabama, el enorme lobo negro se recostó. El imponente animal de brillantes ojos dorados se echó pacientemente a descansar bajo la agradable sombra de un viejo y majestuoso árbol de roble.
Su masivo cuerpo negro se encontraba completamente cubierto de numerosas cicatrices de viejas batallas libradas contra los hombres armados de la plantación. Se sentía sumamente cansado por el esfuerzo de los años y lucía un aspecto verdaderamente ancestral que superaba toda medida lógica humana. La criatura mística finalmente había logrado cumplir con éxito absoluto cada uno de los propósitos por los cuales había regresado al mundo.
Había protegido con todas sus fuerzas espirituales a su querida y anciana madre Alma durante sus últimos días de sufrimiento en la tierra. Había castigado severamente y con mano implacable a cada uno de sus crueles asesinos en el porche de la casa principal. Había vigilado de forma constante el escape exitoso de todas aquellas personas que habían logrado huir de las cadenas de la esclavitud.
Se había convertido en una verdadera leyenda viviente que definitivamente lograría sobrevivir en la memoria de los hombres mucho más allá que todos ellos. Ahora que todo estaba cumplido, el animal finalmente podía entregarse a un merecido y prolongado descanso eterno en medio de la naturaleza salvaje. El enorme lobo negro procedió a cerrar lentamente sus grandes ojos dorados por última vez en medio de la tranquilidad del bosque.
El ritmo de su respiración comenzó a volverse cada vez más pausado y lento bajo la sombra del viejo árbol de roble. Todo su imponente cuerpo herido se relajó por completo sobre la tierra fresca mientras el sol comenzaba a ocultarse en el horizonte. Y justo en el momento en que los últimos rayos del sol se desvanecían en el paisaje de Alabama, su espíritu se liberó.
El espíritu del joven Thomas finalmente se desprendió de su envoltura animal y comenzó a elevarse majestuosamente hacia el cielo de la tarde. Ascendió suavemente en el aire de la noche luciendo exactamente igual a como si fuera una ligera columna de humo blanco o neblina. Se dejó llevar perezosamente por las suaves ráfagas del viento, dirigiéndose hacia ese lugar sagrado a donde van los espíritus cuando terminan.
Thomas era finalmente un alma completamente libre de toda carga terrenal, y su querida madre Alma también se encontraba disfrutando de la libertad. Absolutamente todas las almas de las personas que habían sufrido injustamente en esa plantación maldita se encontraban en completa paz en el más allá. Pero toda la tierra de la región continuaría recordando por siempre los terribles acontecimientos ocurridos en medio de los campos de algodón de Alabama.
Las increíbles historias familiares continuarían permaneciendo vivas en los corazones de todos y cada uno de los descendientes directos de los esclavos. Y ese poderoso recuerdo colectivo se transformaría con el paso de los años en una verdadera arma espiritual para las comunidades negras. Se convertiría en un escudo protector contra las injusticias del mundo y en una seria advertencia para aquellos que ejercen la crueldad.
Serviría para recordarle de forma constante a cualquier persona que intente pisotear los derechos humanos de los demás que la maldad no dura. Serviría para demostrar que la injusticia social de este mundo bajo ninguna circunstancia quedará impune ante los ojos de la justicia divina. Porque las personas que se encuentran oprimidas definitivamente no permanecerán calladas para siempre en medio del dolor de sus cadenas de hierro.
Ellos simplemente no podrían quedarse en el olvido absoluto porque toda su existencia se encuentra plenamente atestiguada por los elementos de la naturaleza. Sus sufrimientos son conocidos por la tierra que pisan, por los viejos árboles del bosque y por los espíritus de sus ancestros. Y todos esos espíritus protectores continúan vigilando atentamente desde el más allá, siempre listos para regresar al mundo de ser necesario.
Se encuentran completamente preparados para volver a aullar con fuerza en medio de la más profunda oscuridad de la noche ante las injusticias. Estarían listos para mostrar sus afilados colmillos ensangrentados a los opresores y para recordarle al mundo entero una lección fundamental de vida. Les recordarían a todos los hombres poderosos que algunas deudas sagradas de sangre de este mundo simplemente deben ser pagadas a como dé lugar.
Que algunas de las graves injusticias cometidas en la tierra deben ser corregidas por la fuerza y que la verdadera justicia no se niega. No importa en absoluto la gran cantidad de tiempo que deba transcurrir para que ese momento de retribución final llegue a manifestarse. No importa bajo qué forma física o mística decida presentarse ante los hombres en medio de la noche de la plantación.
Ni tampoco importará en lo más mínimo quiénes intenten interponerse en su camino o traten de detener su avance implacable en el mundo. La verdadera justicia divina siempre termina llegando al final del camino para poner a cada persona en el lugar que se merece. Y cuando esa justicia profunda finalmente se manifiesta ante los ojos de los hombres malvados, posee unos dientes sumamente afilados.